Morir por Angola; 2.000 cubanos cayeron para afianzar uno de los regímenes más corruptos del mundo

Miguel Rivero, Lisboa.
En Angola perdieron la vida más de 2.000 cubanos, según datos oficiales, para dejar afincado uno de los gobiernos más corruptos del continente africano.
Según el último informe de la organización Transparencia Internacional (TI), Angola ocupa el puesto 145 en una lista de 166 países del mundo, en los cuales se evaluó el nivel de corrupción en las altas esferas del gobierno.
En estos informes de TI, los países aparecen en orden decreciente: el de menor corrupción es Finlandia, donde más existe este flagelo es en Haití, que ocupa el último puesto en la lista. Cuba es el 66, aunque resulta dudoso que la organización haya atenido acceso a datos confiables.

Lo cierto es que por Angola llegaron a pasar 377.033 militares cubanos y más de 50.000 cooperantes civiles, según datos oficiales de La Habana.

Encuentro en la Red consultó a Alcibíades Hidalgo, durante casi una década jefe de Despacho del ministro de las FAR, Raúl Castro, acerca de las bajas en Angola.

“El número de cubanos muertos por cualquier causa en Angola fue de 2.077, según cifras oficiales, que creo bastante fidedignas. El 6 de diciembre de 1989 fueron llevados a Cuba todos esos restos en la llamada Operación Tributo. Al comienzo de la guerra hubo un momento en que se prohibió trasladar los muertos a Cuba y se agruparon en un cementerio dentro de la misión militar en Luanda, para evitar depredaciones. Esto, por supuesto, no incluye a desaparecidos, cuyo numero no conozco”, dijo Hidalgo.

Agregó que la forma de organizar el traslado de los restos fue un entierro en cada uno de los 169 municipios, en un panteón especialmente preparado para ello, método que buscaba demostrar que no había otros muertos no reconocidos, pues si de Cacocún salieron 85 a pelear en Angola y sólo regresaron 70, había entonces que llevar allí 15 cuerpos con nombres y apellidos.

En realidad, señaló, “creo que la cifra es esa o muy cercana, pues no veo cómo puede ocultarse de esa manera algo diferente y mayor. Por otra parte, la mayoría de las muertes fue por accidentes y enfermedades. También suicidios, por supuesto. La cifra de heridos nunca se ha dado. Aunque pocos, en relación con los largos años de la guerra y el número de cubanos que participaron, más de dos mil muertos fue un costo humano innecesario, a lo que habría que añadir los daños sicológicos de los que regresaron inadaptados”, agregó el ex ayudante de Raúl Castro.

16 años de guerra

Este testimonio conduce a algunas reflexiones sobre el asunto. Evidentemente, La Habana evitó el trasiego de sarcófagos y reservó la noticia para cuando ya estaban firmados los acuerdos de paz y se iniciaba el regreso de las tropas. La prensa oficialista se olvida de estos detalles.

En relación con las bajas por accidentes y enfermedades, los portugueses dicen que fue el mismo método que siguió la dictadura de Antonio Oliveira Salazar, durante la guerra colonial. Eran muy pocos los familiares que recibían la noticia de que el ser querido había “muerto en combate”.

Las tropas cubanas estuvieron cerca de 16 años en Angola. Según el testimonio de Gabriel García Márquez en su larga crónica titulada Operación Carlota, los primeros contingentes llegaron en octubre de 1975 y los últimos soldados regresaron a Cuba el 25 de mayo de 1991.

El escritor colombiano deja constancia, en ese trabajo periodístico, de un episodio que da la dimensión del esfuerzo que tuvo que hacer la Isla para afianzar al gobierno angoleño.

Relata que llegado un momento, “había tantos barcos cubanos anclados en la bahía de Luanda, que el presidente Agostinho Neto, contándolos desde su ventana, sintió un estremecimiento de pudor muy propio de su carácter. ‘No es justo’, le dijo a un funcionario amigo. ‘A este paso, Cuba se va a arruinar'”. Por lo visto, Neto estaba más preocupado por el coste de la guerra para los cubanos que el Comandante en Jefe.

Es cierto que las tropas cubanas llegaron a Angola para enfrentar una invasión sudafricana y no hay constancia de que en el breve período de tiempo que Neto estuvo en el poder se haya desatado la frenética corrupción que reina ahora.

Pero después de que los surafricanos se retiraron en 1976, los cubanos no tenían por qué tomar partido en la guerra civil entre el MPLA y la UNITA, el movimiento de Jonas Savimbi.

Preguntado por Encuentro en la Red sobre este aspecto, Alcibíades Hidalgo dijo que desde mediados de los años setenta, luego de que salieran los sudafricanos, o más bien se replegaran hacia el sur, las fuerzas cubanas que permanecieron largos años lo hicieron siempre enfrentándose a la UNITA, en apoyo al MPLA. Y en el caso de Cabinda, al FLEC (Fuerzas Armadas de Cabinda), aunque allí hubo mucho menos actividad militar.

“La caza de Savimbi fue durante mucho tiempo la tarea principal, con lo que de hecho se desvirtuaba la razón inicial de luchar contra Sudáfrica, aunque también es cierto que Savimbi recibía apoyo directo de Mobutu y de Sudáfrica, a través de Namibia y Zaire”, agregó Hidalgo.

“Hubo combates directos con la UNITA, incluso de colaboradores civiles y también atentados contra estos, en especial en Huambo. UNITA hostigó hasta última hora a los soldados cubanos, con pequeños ataques que ocasionaban muertes y heridos. Así fue hasta el último día. Durante el año que viví en Namibia, viajé con frecuencia a Angola y en al menos en dos ocasiones, que recuerde, visité con Polo Cintra Frías, entonces jefe de la misión militar, unidades cubanas que habían sufrido ataques de la UNITA, con dos o tres muertes en cada caso”, dijo Hidalgo.

Apuntalando un régimen corrupto

Desde septiembre de 1979, fecha del fallecimiento de Neto, el presidente de Angola es José Eduardo dos Santos. El compromiso del régimen de La Habana se mantuvo, a pesar de que los síntomas de corrupción irían en aumento y siempre teniendo como elementos claves a familiares o personajes del círculo íntimo del mandatario angoleño.

En una entrevista publicada el pasado 17 de mayo, en el Jornal de Angola, el embajador cubano en Luanda, Pedro Ross Leal, manifestó el interés de La Habana en reforzar la cooperación existente entre ambas naciones, y recordó el hecho de que haya sido elegido para esta embajada un miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

Lo paradójico de todo esto es que desde los tiempos de la guerra, la nomenklatura cubana se burlaba de Dos Santos, y cuando se referían al mandatario angoleño usaban el mote de “Barbarito Diez”, el cantante de la década de los cincuenta que se mantenía incólume mientras interpretaba las melodías.

En Luanda, los cubanos se quejaban de que Dos Santos sólo salía de su residencia, en Futungo de Belas, hacia el aeropuerto para ir a París, y nunca visitaba las unidades militares. La zona era protegida por tropas cubanas, ya que allí también residían los más altos jefes militares enviados por el régimen de La Habana.

Encuentro en la Red conversó con el teniente coronel Mario Riva, jefe en Angola del regimiento de helicópteros en 1988: “Un día estaba hablando con soldados y oficiales de las FAPLA, pertenecientes al regimiento de helicópteros con base en Huambo. Hice mención acerca de lo orgulloso que se sentiría el presidente Dos Santos, por la ejemplar actitud mantenida por las tripulaciones durante los abastecimientos a las tropas que combatían a la UNITA en la región de Cuemba. Entonces, uno de los oficiales me dijo con desdén: ‘ese es el presidente de Luanda, no le interesa lo que sucede en el campo de batalla'”.

Negocios familiares

Actualmente, el presidente angoleño se encuentra involucrado directamente en un sonado caso de corrupción.

El pasado 6 de Abril, el juez francés Philippe Courroye, encargado de las investigaciones sobre el escándalo “Angolagate”, enviaba de nuevo a juicio a 42 personas, entre las que se encontraban Jean-Christophe Mitterrand, hijo del entonces presidente francés François Miterrand, y dos hombres de negocios: el francés Pierre Falcone y el ruso-israelo-francés Arkady Gaydamak.

Los documentos del sumario revelarían que, en el ámbito del tráfico ilícito que violó el embargo de armamentos impuesto a Angola por parte de Naciones Unidas en los años noventa, el presidente José Eduardo Dos Santos habría recibido 37 millones de dólares en una cuenta bancaria particular luxemburguesa.

A pesar de esto, ni dos Santos ni otras figuras de relevancia civil y militar de Angola están presentes en la lista de los investigados. Pero la figura más conspicua de la corrupción en Angola es Isabel dos Santos, una de las hijas del presidente, a cargo de “los negocios” de la familia, mientras que como heredero político para la sucesión se perfila su hermano José Filomeno, conocido por “Zenu”.

Isabel, de 34 años, está casada con el millonario congolés Sindica Dokolo, quien mantiene grandes influencias en la República Democrática del Congo (RDC). De esta manera, los hombres de negocios interesados pueden “invertir” en los dos países.

Isabel comenzó a despuntar en los años noventa, después de su regreso de Londres, donde vivía en compañía de su madre, la soviética Tatiana Kukanova. La hija del presidente es graduada de ingeniería electrónica. Su primer negocio le fue adjudicado de manera inmediata a una empresa que ella fundó, Urbana 2000. De un momento para otro, le fue retirada a la Empresa Estatal de Limpieza y Saneamiento de Luanda (Elisal) la licencia de la recogida de basura, que pasó a ser controlada por ella.

Su carrera fulgurante la llevó después al lucrativo negocio de los diamantes, a través de la empresa Tais, con intereses de capitales suizos, que compraba las piedras preciosas a los llamados “garimpeiros”, personas que no tenían licencia oficial para la búsqueda pero disfrutaban de una especie de patente de corso, ya que trabajaban para la hija del presidente.

El sector de los diamantes en Angola, en fuerte expansión desde que terminó la guerra civil en 2002 con la muerte de Savimbi, está caracterizado por “la falta de transparencia en el proceso de adoptar decisiones, a discreción del gobierno”. La conclusión aparece en un informe del Banco Mundial de octubre de 2006, el cual destaca que el sistema instalado en Luanda aleja a los inversionistas con recursos financieros y tecnología e impide que se pueda desarrollar “el inmenso potencial diamantífero del país”.

En un negocio con especialistas israelitas, la hija del presidente desarrolló el proyecto llamado Terra Verde, que hoy se encarga de suministrar frutas y vegetales a casi todos los hoteles y restaurantes de Luanda.

En las telecomunicaciones, Isabel entró en el negocio a través de la Geni-Novas Tecnologías que, a su vez controla la Unitel. Según el consorcio luso Portugal Telecom (PT), el año pasado Unitel obtuvo ingresos por 517 millones de euros.

En el Banco Internacional de Crédito (BIC), Isabel controla el 25% del capital y trabaja en estrecha relación con el empresario luso Américo Amorim, éste último un personaje que también tiene inversiones en varios hoteles en La Habana y Varadero.

Interrogantes abiertas

Seguir la pista de los negocios de la hija del presidente es una tarea casi infinita. Acerca de este enraizado proceso de corrupción, Encuentro en la Red conversó con el periodista Antonio Rodrigues, hasta hace unos meses corresponsal en Luanda de un importante medio de comunicación portugués.

“Cuando se habla de la corrupción con algún alto funcionario del gobierno de Angola, la respuesta es que también existe en Portugal, pero de una manera oculta. La verdad es que en algo tienen razón, ninguna de las empresas que trabaja en Angola puede reclamar su inocencia y allí la corrupción está a las claras”, dijo Rodrigues.

Relató que cuando recientemente fue inaugurado el Banco Angoleño de Negocios y Comercio (BANC) se conoció que el ministro de Defensa, Kundi Paihama, era uno de los principales accionistas. “Lo único extraño es que se hubiese demorado tanto en entrar en los negocios”, dijo Rodrigues.

Por cierto, que el 4 de diciembre pasado Raúl Castro recibió a su homólogo angoleño en La Habana.

En el encuentro, Castro II y el ministro angoleño Paihama conversaron “en el ambiente de amistad y respeto mutuo que caracteriza las relaciones entre los dos países”, señaló la breve nota acompañada de una foto en la portada del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

Varios periodistas portugueses aseguran que Cuba mantiene una discreta presencia de asesores militares en el Estado Mayor del ejército angoleño.

La aventura militar en Angola fue presentada dentro de la épica del internacionalismo. Los resultados finales, con este panorama de corrupción, dejan abiertas muchas interrogantes para aquellos que se encargarán un día de hacer la autopsia del régimen de La Habana.

-http://www.latinamericanstudies.org/cuba/angola-morir.htm

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