Curso la Filosofía Griega: Cap 14. Protágoras de Abdera

Biografía
Según la mayoría de los autores Protágoras nació en Abdera el año 481, aunque Burnet y Taylor retrasan su nacimiento hasta el año 500 a. C. Hacia mediados de siglo se instaló en Atenas, entablando amistad con Pericles, ciudad en la que alcanzó un elevado protagonismo.

Acusado de impiedad, probablemente de ateísmo y/o blasfemia, por haber afirmado en su libro “Sobre los dioses” que no es posible saber si los dioses existen ni cuál es su forma o naturaleza, se vio obligado a abandonar Atenas refugiándose al parecer en Sicilia.

Pensamiento

1.

Protágoras defendía el relativismo y el convencionalismo de las normas, costumbres y creencias del hombre. Es su tesis más conocida y que queda reflejada en la frase “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son”, uno de los fragmentos que conservamos de su obra. Respecto al relativismo de Protágoras cabe interpretarlo de dos modos:

1.a)

Si concebimos que el hombre al que se refiere Protágoras es el hombre particular y concreto, el individuo, Protágoras estaría afirmando un relativismo radical, de modo que cada hombre tendría “su verdad”. Platón en el Teeteto así lo interpreta: lo que a mí me parece frío es frío, aunque no le parezca así a otro.

1.b)

Pero podemos interpretar que Protágoras entiende “hombre” como “ser humano”, y tendríamos que hablar entonces de un relativismo social, en el sentido de que aceptamos como verdadero lo que en nuestra sociedad es aceptado como verdadero.

2.

También se ha discutido si Protágoras aceptaba el relativismo ético o moral. Si Protágoras afirma que el hombre es la medida de todas las cosas parece que el relativismo se hacía extensivo a los valores éticos, (aunque Platón en su diálogo “Protágoras” mantenga que el relativismo no se extendía a los valores éticos). De tal modo, lo bueno será lo bueno “para mí”, si adoptamos la perspectiva del relativismo individual, o lo bueno “para la sociedad”, si adoptamos la perspectiva del relativismo social o cultural.

3.

En relación con la tesis del relativismo se desarrollará la contraposición “nómos / physis”, entre las leyes sociales y la naturaleza. Las leyes sociales son el resultado del pacto o de la convención entre los individuos, es decir no tienen carácter natural; el determinante de la ley social no es ni el individuo, ni la naturaleza, sino el conjunto de los hombres que viven en esa sociedad. De ese modo se explica el carácter modificable de la ley, y las diferencias entre las leyes imperantes en distintos pueblos y culturas, o dentro de la misma cultura entre distintas ciudades. Dado que no existe una ley que por naturaleza obligue a los hombres a organizarse de esta u otra manera, las leyes de la sociedad quedan sometidas al acuerdo o a la convención de todos los hombres; en este sentido será el criterio de la utilidad el que determine qué leyes se adoptarán y, una vez adoptadas, serán de obligado cumplimiento.

Noticias recogidas por Diógenes Laercio sobre Protágoras

1. Protágoras, hijo de Artemón , ó según Apolodoro, y Dinón en su Historia de Persia, hijo de Meandro, fué Abderita, como dice Heraclides Póntico en sus libros De las leyes, el cual añade que Protágoras escribió leyes a los Turios. Pero, según Eupolis en su comedia Los aduladores, fue natural de Teos, pues dice:

Adentro está Protágoras de Teos.

 Éste y Prodico Ceyo buscaban la vida leyendo libros. Y Platón en su Protágoras dice que Prodico tenía la voz grave. Fue Protágoras discípulo de Demócrito, y lo llamaban Sabiduría, como dice Favorino en su Historia varia. El primero que dijo que “en todas las cosas hay dos razones contrarias entre sí”, de las cuales se servía en sus preguntas, siendo el primero en practicarlo. En un lugar comenzó de este modo: “El hombre es la medida de todas las cosas: de las que existen como existentes; de las que no existen como no existentes.” Decía que “el alma no es otra cosa que los sentidos (como lo dice también Platón en su Teeteto), y que todas las cosas son verdaderas”. En otro lugar empezó de este modo: “De los dioses no sabré decir si los hay o no los hay, pues son muchas las cosas que prohíben el saberlo, ya la oscuridad del asunto, ya la brevedad de la vida del hombre”. Por este principio de su tratado lo desterraron los Atenienses, y sus libros fueron recogidos de manos de quienes los poseían, y quemados en el foro a voz de pregonero.

2. Fue el primero que recibió cien minas de salario; el primero que dividió el tiempo en partes: explicó las virtudes de las estaciones; inventó las disputas, e introdujo los sofismas, para los que gustan de tales cosas en los argumentes. Él fue quien dejando el significado de las cosas, indujo las disputas de nombres; dejándonos aquel modo superficial de argüir que todavía dura. Así Timón dijo de él:

Y Protágoras mixto,
En la disputa sumamente diestro.

 También fue el primero que movió el estilo Socrático en el hablar; y el primero que usó del argumento de Antístenes, con el cual pretende demostrar que no puede contradecirse, como dice Platón en su Eutidemo. Fue igualmente el primero que formó argumentos para las tesis o posiciones, como lo dice Artemidoro Dialéctico en su libro Contra Crisipo: el primero que usó aquel cojincillo sobre el cual se lleva peso, y lo llamó tule, como dice Aristóteles en el libro De la educación. Efectivamente; él fue palanquín, como dice Epicuro en cierto lugar; y el haber sido elevado a discípulo de Demócrito provino de haberle visto atar bien un haz do leña (I).

3. Dividió el primero la oración en cuatro partes: ruego, pregunta, respuesta y precepto. Otros dicen que la dividió en siete: narración, pregunta, respuesta, precepto, pronunciación, ruego y vocación; a las cuales llamó fundamento y raíz de las oraciones. Alcidamas dijo que eran cuatro estas partes: afirmación, negación, pregunta y apelación o elocución. El principio de sus libros De los dioses, que leyó él mismo, es el que pusimos arriba. Lo leyó en Atenas en casa de Eurípides, ó según algunos, en la de Megaclides, o bien según otros, en el Liceo, por medio de su discípulo Arcágoras, hijo de Teodoro. Lo acusó Pitodoro, hijo de Polizelo, uno de los 400; bien que Aristóteles dice que lo acuso Evatlo.

4. Los libros que quedan de él son; El arte de disputar; De la lucha; De las matemáticas; De la República; De la ambición; De las virtudes; Del estado de las cosas en el principio; De las cosas gas hay en el infierno; De las cosas no bien hechas por los hombres; Preceptivo; Juicio sobre la ganancia, y dos libros De contradicciones. Hasta aquí sus libros. Platón escribió de él un Diálogo. Filocoro dice que navegando Protágoras a Sicilia, se anegó la nave: también lo insinúa Eurípides en su Ixión. Algunos quieren muriese en el camino, á los noventa años de edad, o a los setenta, como dice Apolodoro.

5. Filosofó por espacio de cuarenta años; y floreció hacia la olimpiada LXXIV. Mi epigrama a él es el siguiente:

Moriste, oh Protágoras, ya viejo,
En viaje, ausentándote de Atenas.
Huir te deja el pueblo de Cecrope;
Y tú también huiste
De le ciudad de Palas;
Mas huir de Plutón ya no pudiste.

Dicen que habiendo pedido la paga a su discípulo Evatlo, como éste respondiese que todavía no había ganado causa alguna, respondió : “Y si yo ganare, es fuerza recibir por haber ganado ; y si tú vencieres, porque tú habrás vencido”.

6. Gelio, lib. V, cap. X, trae largamente el caso, que es curio: “Pactó Protágoras con su discípulo Evatlo de enseñarle la oratoria forense por cierta paga, con le condición de que el discípulo daría de entrada la mitad de aquel tanto, y la otra mitad luego que defendiese algún pleito y lo ganase. Como se pasase mucho tiempo sin verificarse le condición pactada, pidió Protágoras el resto de la deuda; a lo que Evado respondió diciendo que todavía no había ganado ni orado causa alguna. Pero no se aquietó Protágoras, antes le puso pleito sobre ello; y hallándose ambos ante los jueces, dijo Protágoras: “Sábete, oh necio joven, que de cualquier modo que este pleito salga, debes pagarme; pues si te condenan a ello, me habrás de pagar por sentencia; y si te libran, me pagarás por nuestro pacto”. A esto respondió Evatlo: “Sabed también vos, oh sabio maestro, que por todo lo mismo no debo yo pagaros; pues si los jueces me absuelven, quedo libre por sentencia; y si pierdo el pleito, lo quedo por nuestro pacto”. En esta duda no se atrevió el Tribunal a resolver por entonces.

Diógenes Laercio, “Vidas de filósofos ilustres“, trad. José Ortiz, ed. Iberia, Barcelona, 1962

-http://www.webdianoia.com/presocrat/protagoras_diog.html
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