Los españoles que defendieron a Hitler / Alberto Rojas

FALANGISTAS CON ESVASTICA. Algunos españoles miembros de la Organización Todt -agrupación que acogía a los trabajadores extranjeros en Alemania- fueron reclutados por las SS en Berlín.

LA HISTORIA de Ezquerra, Martínez o Sanchís apenas es conocida. Ellos, junto con otros españoles, fueron los últimos defensores del anillo formado para proteger el búnker de Hitler, quien el 30 de abril de hace ahora 60 años acabó suicidándose.

Los últimos defensores de la caverna berlinesa de Hitler no fueron superhombres arios, sino soldados apellidados García, Navarro, Sanchís o Ezquerra. Más de 300 miembros de las SS españoles y un puñado de franceses de la división Charlemagne, voluntarios en unos casos y forzados en otros, fueron reclutados en las calles y las fábricas de la ciudad para participar en el acto final del nazismo. Ahora, cuando se cumplen 60 años de la muerte del mayor tirano de la Historia de la Humanidad, la participación de este grupo de españoles en aquella batalla sigue siendo un misterio.

La caída de los dioses nazis se escenificaba en Berlín y la representaba una tropa exhausta (la germana) y otra con una sed insaciable de venganza (la soviética). Con 20 ejércitos, dos millones y medio de infantes y 40.000 cañones comenzó su asalto el Ejército rojo.

Miguel Ezquerra, un español que había participado en la Guerra Civil como alférez y que fue oficial de la División Azul, era el comandante de aquella tropa heterogénea que mezclaba mecánicos con fanáticos anticomunistas. Sus memorias, Berlín a vida o muerte, relatan cómo cruzó la frontera hacia Francia, cómo entró a formar parte del servicio de espionaje alemán y cómo los nazis le encomendaron la misión de reclutar a todos los hispanos que pudiera para formar un regimiento español de las SS.

Pero… ¿Dónde estaban las todopoderosas unidades panzer que habían conquistado Europa? Las fuerzas alemanas que defendían el barrio de la Cancillería y su búnker ascendían en esas últimas horas de guerra a 4.000 hombres, la mayoría ancianos, niños de 11 a 14 años -de las Juventudes Hitlerianas- y unos 250 pretorianos de la escolta del Führer, más preocupados de fusilar a los desertores que de combatir.

Berlín, pira funeraria para la extrema derecha europea, había perdido dos tercios de sus edificios en los bombardeos aliados.La mitad de su población -cuatro millones de habitantes- había escapado, mientras que los que aún permanecían allí se escondían en refugios y sótanos. Sus calles, llenas de cráteres, hedían a cadaverina. Y cientos de españoles, sin trabajo y hambrientos, paseaban errantes entre sus bloques amputados.

Berlín fue el destino final de algunos ex combatientes de la División Azul (disuelta en 1943) que siguieron al servicio de los nazis. También reunía a trabajadores que habían sido enviados por Franco al principio de la guerra y que se habían quedado en paro después de que los bombardeos aliados acabaran con las fábricas de armamento. Miembros de la Organización Todt (formación del partido nazi), falangistas reclutados desde Madrid y algunos presos españoles en cárceles germanas completaban el grupo.

Algunos llevaban meses a las órdenes de Hitler. Como Ezquerra, que peinó varias ciudades alemanas buscando voluntarios para sus compañías SS. O Antonio Pardo, combatiente de las unidades de la calavera en Viena. O Federico Martínez, SS capturado en Gorizia.

Para otros, el apocalipsis comenzó cuando los soviéticos irrumpieron en Berlín el día 16 de abril. Fue el caso de los trabajadores españoles que dormían en los barracones de la empresa Motorenbau y otras fábricas cercanas a la estación de metro de Niederschöneweide.Ezquerra y su tropa de nazis importados made in Spain reclutaron a todo aquel que hablara castellano y pudiera disparar un arma.Recibieron una breve instrucción en Postdam y se acuartelaron en el Ministerio del Aire. Tenían la misión de defender la Moritz Platz, en el centro berlinés.

Más de 50 soldados españoles pudieron desertar cuando el cerco soviético aún no se había completado. Uno de ellos, llamado Pedro Portela, salió de Berlín el día 18. Según afirma el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, escaparon «por la frontera suiza y se escondieron en los campos de refugiados».

Los soviéticos, con una ventaja de uno a 10 en número de soldados, avanzaban con grandes pérdidas por las avenidas berlinesas. El día 25 tomaron el aeropuerto de Tempelhof y el distrito de Mitte.El 26 conquistaron Zehlendorf. El 27 llegaron hasta Spandau y Pankov. Casa por casa. Día y noche.

Durante los bombardeos de la artillería, los españoles tuvieron que resguardarse en la estación de metro de Friedrichstrasse.Tenían vetado la entrada a los refugios antiaéreos. Sólo los civiles alemanes podían pasar. Arios de pura cepa.

Los defensores, entre ellos veteranos de la División Azul, destruyeron decenas de carros T-34 soviéticos y protagonizaron una encarnizada resistencia, pero no pudieron impedir que los ivanes atravesaran los puentes sobre el Landwehr y avanzaran hacia la Cancillería.El día 30, el anillo se cerró sobre el edificio del Reichtag, la Postdammer Platz y la Puerta de Brandemburgo. Obligados a retroceder, los españoles de Ezquerra huyeron, con los carros soviéticos a la espalda, por la Friedrichstrasse, más cicatriz que calle, para atrincherarse cerca del búnker.

Ajenos al suicidio del dictador, que sucedía unos metros más abajo, los supervivientes recibieron la orden de romper el cerco y crear un corredor para poder escapar de la capital del Reich.Junto a los niños de las Hitlerjugend, los españoles se lanzaron al asalto del puente de Havel, en Spandau-West. La mayoría cayó bajo el fuego de ametralladora, que abría claros espantosos entre los asaltantes.

Cuando se hizo evidente que la lucha había terminado, entre las ruinas humeantes de la Postdammer Platz, a pocos metros del búnker, comenzaron a aparecer figuras con el rostro negro, quemado por el fuego. Llevaban puesto un uniforme hecho jirones en el que sólo se distinguían dos rayos plateados en el cuello de la guerrera.

Con los brazos arriba, alguno de ellos balbuceó unas palabras en ruso a sus captores: «Nix SS. Gitler kaputt» (No SS. Muerte a Hitler) y mostró una bandera española cosida en la manga izquierda bajo un águila que los identificaba como miembros de las SS.

El día 31 Berlín capituló. Los pocos españoles que sobrevivieron pasaron nueve años en el gulag, en las cárceles de Stalin.

-http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/497/1114293609.html

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