1811 y 1812: La primera Carta Constitucional de la América española independiente / Felipe Larrazabal

l.- La primera Carta Constitucional de la América española independiente
A la ciudad de Valencia llegó en la mañana del 8 la noticia de haber proclamado el Congreso la emancipación política de Venezuela; y el 11 dieron los realistas el grito de rebelión, influidos por algunos frailes de nota, e hicieron armas contra Caracas solicitando auxilio de Ceballos y de Miyares en Coro y Maracaibo. El Gobierno hizo salir en el acto una expedición para someter a los levantados de Valencia, que ocupaban ya el lago y llegaban hasta Mariara, confiando la dirección de las fuerzas a los generales Toro, el marqués, y su hermano D. Fernando. Entre la Cabrera y los Cerritos de Mariara se disparó el primer cañonazo contra los españoles. Mas lograron éstos rechazar nuestras fuerzas; y el Poder Ejecutivo nacional tuvo que enviar nuevos auxilios a Maracay, encargando entonces a Miranda el mando de las operaciones militares.

Bolívar cooperó con su clase a la campaña y sitio de Valencia, hasta que, rendida la plaza el 13 de agosto de 1811, le envió Miranda con el parte que dio al Ejecutivo, a cuyas puertas llegó a desmontarse al amanecer del día 15.

El asedio sangriento de Valencia costó a los patriotas 800 hombres, los cuales quedaron fuera de combate, contándose entre los heridos al distinguido general Fernando Toro, a quien una bala de fusil fracturó la pierna izquierda, y entre los muertos al capitán Lorenzo Buroz.

Simultáneamente habían dado el grito de insurrección sesenta individuos, naturales de Canarias, que se reunieron armados en el Teque, a la salida de Caracas, vociferando: ¡Mueran los traidores !¡Viva el Rey y la Inquisición! Esta conspiración, que se llamó de los isleños, fue prontamente sofocada. Hombres sin talento y sin influjo, bien que animados por los agentes secretos de Meléndez y Cortabarría, no podían difundir mucho sus inteligencias reaccionarias. Estaban a su cabeza D. Juan Díaz Flores, isleño, y D. José María Sánchez, caraqueño, quienes con su vida pagaron el temerario arrojo.

A otros también tocó igual suerte en la tarde de 15 de julio de ese año.

Sabida entretanto por las provincias la declaración de independencia, fue recibida con gozo en todas partes. Y como hubiese desaparecido el estado anómalo e incierto en que Venezuela se hallaba, el diputado Francisco Javier Ustáriz presentó al Congreso un proyecto de Constitución, que fue asunto de interesantes debates. Inclináronse los legisladores a adoptar con preferencia el sistema federal, animados por el “magnífico ejemplo de la primera y más pujante de las repúblicas del mundo”. Sin embargo, los hombres que pensaban con detención, y Miranda, que tenía estudios prácticos sobre materia de tanta gravedad y consecuencia, defendían el sistema republicano central; porque, decían, el federal es la perfección de la República, y no puede establecerse en un pueblo que ha vivido trescientos años despojado de sus derechos, y que si ahora comienza a marchar es a impulso de circunstancias que le son extrañas.

Bolívar apoyaba entre sus amigos este dictamen, creyendo que la federación era inadecuada e imposible en pueblos ignorantes, sin prácticas de vida pública, sin hábito de intervención en los negocios del Estado y, por consiguiente, sin habilidad necesaria para comprender la estructura de un Gobierno formalmente complicado.

Desde el 2 de setiembre, en que se dio lectura al proyecto de Constitución, hasta el 21 de diciembre, en que ésta se firmó, el Congreso oyó elegantes y bien razonados discursos, esmaltados de principios de libertad, pronunciados con lucidez y entusiasmo; aunque al cabo, por inexperiencia, se dejó arrastrar aquella Asamblea en pos de teorías brillantes, inadaptables al país.(1)

La Constitución federal de Venezuela tenía 228 artículos, divididos en nueve capítulos, siendo el más interesante el relativo a los derechos del hombre. Asegurábanse a todos los ciudadanos la posesión y goce de sus bienes, la libertad personal (porque “todo hombre ha de presumiese inocente hasta que se pruebe lo contrario”) y la inviolabilidad del hogar doméstico. La tortura quedó abolida, y se declaró delito todo tratamiento que agravase la pena.(2) El fuero personal, los títulos de nobleza fueron abolidos, ¡y el inicuo tráfico de esclavos africanos condenado para siempre!

Por cierto, no podía pedirse más a una colonia española, y la menos favorecida de todas. ¿Cuántos pueblos del Viejo Mundo vinieron a la vida mostrando este lujo de grandeza y de liberalidad?

También dispuso el Congreso que en todos los escritos oficiales se añadiese a la era común la era colombiana, palabra formada del nombre de Colón y escogida en su honra; porque Colombia debía llamarse el primer territorio que se libertase en la América del Sur del yugo colonial.

La Europa, indiferente, había consentido en el despojo de la más bien merecida gloria; pero la América Latina reparó espléndidamente esa injusticia, escribiendo desde el primer día de su emancipación, en el libro de la inmortalidad, el nombre ilustre de su descubridor.(3)

La promulgación de la Ley fundamental excitó la alegría de las Provincias Unidas y las puso en esperanza de alcanzar los frutos deseados de una larga y segura paz. El Congreso, en una hermosa alocución dirigida a los pueblos de Venezuela, dijo, con referencia a la Constitución: “Confiamos y recomendamos la inviolabilidad de esta ley a la fidelidad de los legisladores, del Congreso, de los jueces y empleados de la Unión y de las provincias, y a la vigilancia y virtudes de los padres de familia, madres, esposas y ciudadanos del Estado”.

Por su parte, el Ejecutivo mandó imprimir 12.000 ejemplares de la Constitución, para distribuirla por dondequiera con abundancia; y a principios de 1812 quedaron nombradas e instaladas las autoridades que instituía y designaba la Carta fundamental.

Valencia fue designada por capital del Estado, “en razón de hallarse situada –según se decía– en el centro de las Provincias Unidas”. El Congreso resolvió suspender sus sesiones, quedando emplazados los representantes para reunirse en Valencia el día 1º de marzo siguiente (1812). Antes de disolverse quiso dar un ejemplo de espléndida generosidad indultando a los presos por la conspiración de Valencia, los cuales estaban condenados a muerte. Este acto salvó la vida al provincial de la Orden de San Francisco, fray Pedro Hernández, autor principal de aquel acontecimiento, a D. Jacinto Istueta, a D. Clemente Britapaja y a otros.(4)

También decretó el Congreso la abolición del Santo Oficio.

Bien que las provincias de Venezuela dependiesen, por lo que miraba a la Inquisición, del Tribunal de Cartagena, y éste quedó extinguido desde noviembre del año anterior, quisieron, no obstante, nuestros diputados abolir la Inquisición en principio y por una ley especial.(5)

Con esto terminó el año de 1811.

Los patriotas esperaban mantener la paz y consolidar las bellas instituciones que la nación se había dado, sin recelar siquiera que a tanta cordura, a tanto y tan digno repartimiento ¡siguiesen violencias, atrocidades increíbles, guerras sin cuartel! .

Notas de Capitulo VI

(1) El Publicista, periódico de aquella época, registra algunas actas importantes y fragmentos de discursos dignos de los fundadores de nuestra independencia. Como no había sino una imprenta (la que trajo Miranda en 1806 a Coro), y no se conocía entre nosotros la estenografía, se ha conservado muy poco de las discusiones importantes del primer Congreso Constituyente de Venezuela.

(2) En Venezuela no halló oposición el artículo que abolía la tortura, infame crisol de la verdad, y las prácticas introducidas de afligir y molestar a los acusados con malos tratamientos. En España, cuando se trató en las Cortes de la abolición de la tortura (1811), todavía hubo quien disculpase su aplicación; y el diputado Hermida, de duras entrañas, se paró para defender tan bárbara ley. Fernando VII mandó aplicar a D. Juan Antonio Yandiola, ¡en 1817!, como cómplice en la conspiración de Richard, el apremio conocido con el nombre de ¡grillos a salto de trucha!

(3) Miranda fue el primero que en honor de Colón llamó Colombia los países que se libertasen en América; y Bolívar escribió proféticamente: “La Nueva Granada se unirá con Venezuela para formar una República central… Esa nación se llamará Colombia, como un tributo de justicia y gratitud al descubridor de nuestro hemisferio”. Añadía que la capital de esa república debía llamarse Las Casas, en memoria del benefactor de los indios. (Carta a un caballero de Jamaica, escrita desde Kingston a 6 de setiembre de 1815).

(4)   Estos reos indultados, observa Restrepo en su Historia de la revolución de Colombia, fueron, por lo general, los enemigos más encarnizados que tuvieron los patriotas, siendo algunos de ellos los autores de los calabozos y persecuciones que sufrieron sus benefactores, excediendo a todos el fanático P. Hemández.

(5)   Se sabe que los herejes obstinados, llamados impenitentes, y los relapsos eran quemados; la única gracia que se hacía a estos últimos, en consideración a la fragilidad humana, consistía en ahorcarlos primero antes de arrojarlos a la hoguera …

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cultura, Historia y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s