Los meteoritos de Chant / Frank Barrios

El adelanto de la ciencia oficial se ha visto engrandecido en menos de un siglo. Lo que antes tenía que aceptarse por fe ahora debe ser comprobado y afortunadamente esto es posible gracias a los medios electrónicos, que son un punto de apoyo para demostrar o desterrar lo que se está argumentando.

Dicen algunos que se consideran sabihondos, que el tema de la vida inteligente fuera de la Tierra es algo trillado, que no se ha podido demostrar y que quienes creen en estas cosas están perdiendo el tiempo. La verdad es que no hay nada que sea trillado. Cada día que transcurre se descubren nuevas cosas en el Universo, y el que no todo se dé a conocer a la gente, no quiere decir que la ciencia haya bajado los brazos aceptando que la vida inteligente fuera de este hermoso “planeta azul” que habitamos no exista. Año tras año, los gobiernos de las principales potencias mundiales destinan cantidades millonarias para el estudio de lo que sucede en el espacio.

Es así como potentes telescopios y radiotelescopios, aunado a departamentos de ufología (centros de investigaciones de vida extraterrestre), están dedicados a la búsqueda de vida inteligente en el espacio. Desde épocas de la prehistoria, el hombre ha tenido avistamientos con seres de otros mundos, como lo demuestran las pinturas rupestres localizadas por todo lo largo y ancho de la Tierra. Asimismo, mucha gente, desde personas sencillas a grandes y respetadas personalidades del mundo científico, han sido testigos de fenómenos relacionados con los encuentros cercanos de primer tipo (cuando se aprecia el OVNI).

– Una historia

El día estaba llegando a su fin. Ya habían terminado las rudas faenas que correspondían a la granja. Eran las 9 de la noche de un 9 de febrero de 1913. Elmer Swenson y George Appleby, quienes vivían cerca de Saskatchewan, en Canadá, se disponían a descansar, pero lo que vieron en el cielo los dejó boquiabiertos. Swenson observó una hilera de brillantes objetos que se acercaban desde el noreste. De inmediato, gritó a Appleby para ver si lo que estaba observando era real o producto del cansancio de la dura faena que acababa de finalizar. Se trataba de una primera hilera de cuatro luces brillantes, seguidas de cerca por otras tres y luego, otro grupo de dos. La procesión nocturna se movilizaba lentamente atravesando los cielos de Saskatchewan. No bien acababan de digerir la sensación que les causó este convoy de luces, cuando atrás vendrían otros más. Todo hubiera quedado ahí. Se trataba de un par de granjeros rudos y agotados por la dura faena del día. Pero el fenómeno había sido observado por dos hombres inminentes de ciencia. El profesor C. A. Chant, de la Universidad de Toronto, a quien le atribuyeron su nombre a ese convoy llamándole “los meteoritos de Chant”. El profesor escribió: “Alrededor de las 9.05 PM, en la parte noreste del cielo apareció un cuerpo de fuego rojo que pronto aumentó de tamaño, seguido por una larga cola… Parecía un cohete, que a pesar de su lentitud al movilizarse, no era atraído por la fuerza de atracción de la Tierra. Seguía una dirección al sureste y desapareció en la lejanía. Antes que desapareciera este meteoro, otros cuerpos aparecieron del noroeste… Se movilizaban a la misma velocidad. Al desaparecer, lo hacían con estruendos como si fueran rayos, lo cual provocó que se sintiera como un temblor en la tierra”. El otro hombre de ciencia que vio el fenómeno fue el astrónomo W. F. Denning. Sobre este suceso, escribió en el diario de la Sociedad de Astronomía de Canadá que en sus 48 años de observar el cielo nunca había visto algo similar. “Parecía un tren express iluminado en la noche… Luces en diferentes puntos, una en el frente, una posterior y después otra en la cola”. Otro grupo de observadores profesionales escribieron en el mismo diario: “El cuerpo luminoso estaba compuesto por 3 o 4 partes con una cola (de fuego) en cada una de ellas. Cuando esta compleja estructura, moviéndose con peculiar deliberación, desapareció en la lejanía, otro grupo emergió en su lugar de origen (noroeste) y pronto, un tercer grupo apareció en el mismo punto y en la misma formación”. El astrónomo W. F. Pickering más tarde encontró que algunos barcos señalaban la huella de los objetos más allá de Nueva York y las Bermudas. Denning localizó que la tripulación de otro buque mencionaba que los objetos pasaron por el cabo San Roque, en Brasil. Desde donde se les vio por primera vez hasta la última, eran 8 mil kilómetros. En una publicación del observatorio de Harvard, “Cielo y telescopio”, en enero de 1961 John O’Keefe, del centro espacial Goddard, menciona la baja velocidad con que se desplazaban los meteoros y dijo que se trataban de satélites terrestres”. Pronto fue echada por tierra esa versión, porque los satélites no vuelan tan bajo. Estoy narrando un acontecimiento de 1913. En estos momentos, cualquiera sabe que lo que se vivió en ese año fue un “encuentro cercano de primer tipo”, se trató de naves que no pertenecen a nuestra humanidad terrícola.

*Colaborador
Diario de Xalapa. México

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ciencia, Curiosidades y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s