La labor editorial del PSOE en el siglo XIX (1) / Santiago Castillo

PABLO IGLESIAS PSOE ESPAÑA ESTAMPILLALos diez primeros años (1886 – 1895)
El proceso hacia la constitución del PSOE puede considerarse definitivamente abierto en 1886 al dar a luz el núcleo madrileño su órgano de expresión El Socialista.
Hasta entonces se habían constituido y deshecho diversos y minúsculos grupos socialistas que por su carácter poco estructurado e inestable parecen haber tenido poca vida salvo los de Madrid y Barcelona.
Al iniciarse la publicación de El Socialista sólo subsisten 5 grupos: Madrid, Barcelona, Guadalajara, Manresa y Málaga. La aparición del periódico y su labor organizativa llevará a la constitución de otros 25 núcleos más antes de la fecha del 1 Congreso (agosto de 1888). No obstante muchos de estos núcleos tendrán vida efímera al no imbricarse mínimamente en las bases sociales en que pretendan implantarse, otros sucumbirán temporalmente para resurgir con cierta fuerza años después. Esto hace que, al celebrarse el Congreso constituyente del partido, sólo subsisten 22 agrupaciones organizadas (2).
A este primer período de efervescencia seguirán 2 años de mínima expansión. Aparecerán nueve agrupaciones, afectando a otras 8 el proceso de desorganización. Al II Congreso, 1890, se llegará, por tanto, con sólo 23 agrupaciones.
La década del noventa, sin embargo, abre un período de amplia expansión, tanto cuantitativa como geográficamente (destacando las provincias de Alicante y La Coruña y los inicios del socialismo asturiano). Las razones clave del proceso parecen residir en el entusiasmo y las expectativas despertadas por los 1º de mayo y la actividad desplegada en torno a la participación electoral del partido desde 1891. Así entre el II y el III Congreso veremos aparecer 23 nuevas agrupaciones, más otras 5 que, habiendo existido con anterioridad, se reconstituyen en este período. Si bien la expansión es evidente, hay que constatar asimismo que se habían deshecho otras 15 agrupaciones. De ahí que en las fechas del III Congreso (1892), sólo subsistiesen 36.
Igual número de agrupaciones existían en 1894 (IV Congreso). Pero esto no significa que el PSOE hubiese encontrado ya una cierta estabilidad en su implantación, pues el número de agrupaciones de nueva creación o reorganizadas alcanzó la veintena, lo que implica que se produjo, a la vez, un amplio proceso de desorganización que afectó a otras tantas.
Estos datos nos muestran un partido cuya implantación se produce lenta y precariamente. Si profundizamos bajo la pura enumeración de agrupaciones en busca de datos más significativos sobre la implantación real de cada núcleo, los síntomas de precariedad -en términos globales- siguen existiendo. Obviamente bajo esta afirmación de precariedad global subyacen fracasos totales o sernitotales de agrupaciones, y, en menor medida, procesos de afianzamiento progresivo.
Pero para los efectos de este artículo baste resaltar que la precariedad e inestabilidad general de las agrupaciones se reflejará claramente en las publicaciones del partido.
Así en estos primeros años veremos aparecer y desaparecer varios semanarios que no conseguirán mantenerse durante mucho tiempo. Sólo en 1894 el P.S.O. comenzará a tener otro órgano estable además de El Socialista (3).
Si de los órganos periódicos pasamos al análisis de otras publicaciones, la importancia del núcleo madrileño queda aún más en evidencia: en sus diez primeros años no llegan a media docena los folletos socialistas publicados fuera de la capital del Estado (4).
Estas condiciones hacen que el estudio de las publicaciones madrileñas del partido adquieran primordial importancia. Antes de afrontar una descripción de las mismas resaltaremos dos notas que nos parecen claves.
La primera de ellas es que, si bien El Socialista no sufrirá ninguna interrupción en su publicación en estos años, no es menos cierto que la precariedad de medios que subyace a su elaboración va a influir fundamentalmente en su confección y en su contenido (5).
En segundo lugar cabe resaltar que la información-formación ideológica que la agrupación madrileña tiene del socialismo internacional, desde antes de la fundación del partido hasta los años noventa, proviene, en su práctica totalidad, de José Mesa y los grupos socialistas franceses en que éste está inmerso (6).
Las limitaciones materiales conjugadas con el peso de la influencia francesa, producirán un Socialista cuyo contenido será en gran parte fruto de una labor de traductores, y de traductores del francés.
Que estas afirmaciones no son exageradas nos lo muestra un estudio pormenorizado y sistemático de las secciones habituales del periódico. La conclusión es clara: son, en amplia medida, copia o traslación de noticias y textos de todo tipo, tomados de diversas publicaciones francesas, sin indicar en la mayoría de los casos su procedencia (7).
Bien es verdad que no todos los textos transcritos fueron escritos por los socialistas franceses aunque fuesen publicados en sus periódicos. Pero también es claro que se da un constante transvase de textos de los más importantes dirigentes del socialismo galo de la época: Guesde, Lafargue y Deville, en forma de folletín o series de artículos.
Si observamos el contenido de El Socialista vemos que el periódico comienza por publicar en sus primeros números los escritos de Marx y Engels ya disponibles en castellano: la guerra civil en Francia, El Manifiesto Comunista y El Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores (8).
Agotados los escasos textos accesibles de Marx y Engels, El Socialista publicará en series más o menos extensas, una amplia gama de exposiciones teóricas de las publicaciones quesdistas, no sólo de su coetáneo y homónimo Le Socialista, sino también, y sobre todo, del ya desaparecido L’Egalité. Así, en los 10 primeros años, el periódico publica:
La jornada legal de trabajo reducida a ocho horas, en 1886 (de Lafargue, en L’Egliité, 1882); La religión del capital, en 1887 (Lafargue, Le Socialiste, 1886); Babeuf y la conjuración de los iguales, (9) en 1887 (G. Deville, Le Socialiste 1887); Justicia e injusticia de¡ cambio socialista, 1889 (Lafargue, en L’Egalité, 1882); Estudio acerca del socialismo científico, 1889 (G. Deville, 1883) (10); Colectivismo (conferencia), 1892 (Guesde, Le Socialiste, 1891); Evolución y revolución, 1893-4 (sin firma, L’Egalité, 1880); La huelga general juzgada por Gabriel Deville, 1895 (Deville, Le Socialiste, 1895) (11).
Si del periódico pasamos a la publicación de folletos, la preponderancia de textos franceses sigue evidenciándose. Veámoslo en líneas generales:
A poco de iniciarse la publicación del periódico se planteaba la edición paralela de una Biblioteca de El Socialista. «Ayudados por algunos correligionarios -dirán en octubre de 1886- y al objeto de difundir y afirmar entre los obreros la doctrina socialista y revolucionaria, nos disponemos a publicar libros y folletos donde ésta se contenga o donde se den a conocer sus principios fundamentales». El primer folleto fue el Manifiesto Comunista puesto a la venta a finales de octubre de 1886 (12). Un mes después ven la luz El Socialismo Científico de F. Engels y La Ley de los salarios y sus consecuencias de J. Guesde (13). Pasado un año, aparecería el cuarto folleto: C. Marx, El Capital resumido y acompañado de un estudio sobre el socialismo científico, por G. Deville.
Estas ediciones, como vemos, no obedecen a ninguna periodicidad fija, ni aparentan seguir ningún plan preconcebido. Más bien se trata de publicaciones a medida de las posibilidades de algunos correligionarios como Antonio Atienza, y a medida que las posibilidades de incidencia del partido permiten seguir editando, o reeditando folletos.
En mayo de 1889, al anunciarse el cuarto año de publicación de El Socialista se pretenderá dar coherencia y continuidad a la publicación de folletos previendo que éstos pudieran integrarse en volúmenes.
Se pretendía publicar mensualmente un folleto de 32 páginas, con foliación correlativa, formando un volumen anual de 320 páginas, al final del cual se repartiría la cubierta para su encuadernación.
Esta Biblioteca Socialista, se inicia con Colectivismo y Revolución de J. Guesde, que está ya a la venta en el mes de marzo. No obstante, las publicaciones mensuales no se llevan a cabo, pues sólo cuatro meses después se publica el siguiente folleto que engloba dos escritos de P. Lafargue, Autonomía y la Jornada legal de ocho horas, retrasándose hasta marzo de 1890 el tercero de los folletos: Estudio acerca del socialismo científico, de G. Deville (14). La periodicidad de la Biblioteca no pasó, por tanto, de ser un laudable proyecto.
Incluso en años posteriores, las publicaciones se seguirán haciendo a medida de las posibilidades del partido y la actividad de algunos militantes. Así, en traducción de Mesa, se publica en 1891 La Miseria de la Filosofía, de Marx y una conferencia de Guesde sobre Colectivismo en 1893 (15).
PABLO IGLESIAS PSOE ESPAÑAEn realidad la periodicidad estable en la publicación de folletos no se logrará hasta 1895. En mayo de este año se relanza otra vez la Biblioteca Socialista desde Madrid.
Su animador va a ser en un principio P. Cermeño, del Comité Nacional del Partido.
Esta vez se emplea como método la edición de folletos por entregas (16). Procedimiento que posibilitaba entre otras cosas, la rápida recaudación de parte de los gastos de edición permitiendo la venta posterior de las obras como folletos y por «tomos» integrados por varios folletos.
Pese a la novedad que suponía el procedimiento en las ediciones socialistas, el primer tomo de la Biblioteca (mayo de 1895-enero de 1896) contenía 3 obras ya publicadas anteriormente: La guerra civil en Francia, de Marx Catecismo; socialista por J.L. Joynes y el Informe de J. Vera, además del nuevo libro de poemas Ecos revolucionarios de Álvaro Ortiz (17). En realidad la Biblioteca parece haber sido concebida en un principio para imprimir obras ya editadas (18).
En resumen y esquemáticamente: precariedad y oscilación de medios y militantes. Carácter de obreros manuales de la práctica totalidad de estos últimos, que añaden a su amplio horario de trabajo como asalariados, el tiempo dedicado a la organización y propaganda. Todo ello unido a la limitación subsidiaria de idiomas conocidos, produce el que los socialistas madrileños en sus diez primeros años, además de realizar una amplia y repetitivo traslación a nuestro idioma de las teorías francesas, se asomen al socialismo mundial a través de las ventanas que las publicaciones galas les ofrecen.
Esquema que, por los datos que conocemos, cabe aplicar también al conjunto de los socialistas españoles cuyas fuentes de información-formación son, en gran medida, -y por razones anteriormente apuntadas-, las provenientes de El Socialista y las ediciones madrileñas.
Para el socialismo español es una época en que, como dirá años después uno de sus más caracterizados militantes, necesitaba «textos que explicaran los fundamentos teóricos de una doctrina simplemente presentida entonces» y de «estudios preliminares parcelarlos, en que se contrastaran por detalle las diversas fases de los hechos que cimientan la teoría general» (19). Y estos fundamentos y estudios van a encontrarlos en los escritos franceses y especialmente en los textos de Guesde que, de los socialistas franceses, es el que más esquemática e imperfectamente ha asimilado las teorías marxistas, sobre todo en sus primeros escritos La Ley de los salarios y Colectivismo y ¡revolución (20).
Estas influencias son claras y se ha insistido ampliamente en ellas (21-22). No obstante, cabe constatar que las influencias francesas no justifican, a nuestro entender, el hablar de un hipotético quesdismo (como línea o escuela teórica dentro de -o emparentado con- el marxismo), operante de forma atemporal y omnipresente en el socialismo español. Y esto por diversos motivos.
Porque no existió una única ideología en el socialismo francés. Los planteamientos y la evolución ideológica de Lafargue y Deville difieren en gran medida de los de Guesde sobre el que adquirirán una influencia gradualmente preponderante en nuestro país (23).
También porque los socialistas españoles irán abriéndose a la publicaciones y al ejemplo de otros socialismos europeos, sobre todo a medida que participan en los congresos internacionales. A nuestro conocimiento aún no se han realizado estudios sobre estas cuestiones (24). Pensamos que cuando se lleven a cabo podrá sin duda comprobarse que, al menos, algunas tácticas que pudieron aprenderse en principio del socialismo francés y justificarse a nivel teórico en sus escritos, al ser mantenidas como táctica general del socialismo europeo podían ser -y de hecho en más de una ocasión debieron serlo- corroboradas, reaprendidas en la práctica y los escritos de otros socialismos. Un claro ejemplo lo tenemos en la oposición a todo tipo de alianzas con los partidos burgueses, planteamiento que los socialistas reafirman algunos años después a través del socialismo italiano. Veamos esto con algún detalle pues, corno luego resaltaremos, las influencias italianas no van a ser conyunturales ni esporádicas.
La década de los 90 se inicia en Italia con diversos procesos de reestructuración de las organizaciones obreras. Uno de cuyos resultados más significativos será sin duda la constitución de un partido socialista clásico en aquél país (25). Dicho proceso venía potenciándose desde enero de 1891 por la Crítica Sociale bajo la dirección de Turati (26). En el Congreso obrero italiano de Milán (agosto 1891) se conseguía la confluencia de socialistas de Costa y del Partido obrero italiano, anarquistas, radicales y republicanos. Se aprobó la creación del Partido de los trabajadores italianos y se nombró una comisión de redacción de programa y estatutos. Un año después, en el congreso de Génova se constituye definitivamente el partido, reconociéndose como órgano central La Lotta di classe (27)
El congreso de Génova marca un cambio importante en la historia del socialismo italiano. Supone la escisión entre socialistas y anarquistas y posibilita al partido socialista el desarrollo de una acción política plena con el movimiento obrero. Por otra parte el programa allí aprobado tenía un carácter sustancialmente marxista, apareciendo bastante clara la distinción con los partidos demócrata-burgueses. Además, se establecía la distinción entre lucha de oficio y lucha más amplia para la conquista de los poderes públicos, lo que era poner la base de la distinción entre actividad política y actividad sindical y, por ende, plantear la separación organizativa partido-sindicato que de hecho se llevará a cabo pocos años después.
En septiembre de 1893, en el congreso de Reggio-Ernilia, el partido concluye su proceso de formación ratificando programa y estatutos y dándose el nuevo nombre de Partido Socialista de los trabajadores italianos.
En España se sigue con interés el desarrollo del socialismo italiano. Se reciben diversas publicaciones de las que se extractan noticias sobre diferentes cuestiones: congresos obreros de diferente tipo; conversión al socialismo de Edmundo de Amicis y adhesión al partido de E. Ferri (de los que se comienza a reproducir artículos); las agitaciones socialistas en Sicilia; etc. (28).
Según Turati, dadas las semejanzas entre nuestros países, caracteres y defectos, los socialistas italianos y españoles tenían trazado «en cierto modo el mismo camino». «Así, -escribía en 1893 el líder italiano- aunque unos y otros fijemos a menudo nuestra vista en las grandes naciones industriales del Norte, donde el movimiento socialista alcanza mayor desarrollo, bueno es, sin embargo, mirar de cuando en cuando al lado, a la península hermana, para animamos y fortalecemos viendo que nuestros trabajos y los vuestros marchan a la par, que decís lo que nosotros decimos y que vuestros progresos y vuestras victorias son también los nuestros» (29).
Estos párrafos son algo más que la expresión de un sentimiento de internacionalismo. Bajo ellos subyacen verdaderas coincidencias a nivel de la táctica de ambos partidos. En Génova los socialistas italianos hablan aprobado el presentar a las elecciones parlamentarios y municipales «candidaturas propias que acepten sin reservas el programa y pertenezcan al partido». En Reggio-Emilia se mantenía la posición de intransigencia y de rechazo de toda alianza con los partidos burgueses (30).
El Socialista madrileño resaltará numerosas veces esta conducta por su identidad con la del partido español (31).
La posición italiana tuvo una especial resonancia en el Congreso Internacional de Zurich, (1893). En él se aprobó, como táctica de los partidos socialistas, la siguiente conclusión propuesta por una Comisión del Congreso: «En ningún caso la acción política servirá de pretexto para compromisos o alianzas que menoscaben los principios o la independencia de los partidos socialistas». Turati, en nombre de la delegación italiana votó a favor de la conclusión, pero dejando bien claro que el texto subrayado en la resolución puede conducir a (excepciones y distingos» con los que ellos no estaban de acuerdo. En cuanto a la cuestión de alianzas,«nosotros pensamos –insistía Turati- que todo compromiso, toda alianza comprometen la independencia sino los principios del partido socialistas, y además, y al contrario del dictaminador E. Vandervelde, y en sentido opuesto, pensamos -prosigue Turati- que «allí donde el Partido Socialista está aún en la infancia, donde la rotura del cordón umbilical que le unía a los partidos radicales burgueses está aún fresca y sangrando, donde, en fin, el esqueleto del partido no se ha osificado completamente, allí creemos que la separación franca se impone de un modo imperioso, y creemos también que ella es para el Partido una condición de vida.
«Partidos ya fuertemente formados podrán quizá en algún caso, sin peligro, permitirse el lujo de grandes señores de la alianza. Los compromisos no alteraran la propia fisonomía, que después de una depresión volverá a ser lo que era antes. ( … ) Para los partidos jóvenes, todo compromiso es una abdicación que se resuelve con ser absorbidos por el partido más fuerte. Este género de contratos son en definitiva leoninos en daño nuestro.
«Estos contratos es verdad que dan a veces resultados electorales, cuya perspectiva lisonjera a los vanidosos aspirantes al éxito personal y engaña a los cándidos que confunden aún el gran principio de la conquista del poder, o sea del Estado por el proletariado, con el fuego fatuo de la conquista de éxito por parte de tal o cual individuos. Esta confusión (… ) si nosotros la siguiéramos acabaremos por dar la razón a los anarquistas en sus ataques contra nuestra táctica. Estos resultados personales, a más de desilusionar y desmoralizar, se obtendrían a costa del Partido y no favorecerían sus intereses». Turati hablaba después de cómo esta táctica se adecuaba al marxismo y cómo en Italia la experiencia de más de 2 años la confirmaba corno válida.
El Socialista madrileño publica íntegro el discurso indicando, con satisfacción, que lo que en él se dice «es perfectamente aplicable a España y sirve de contestación a ciertos razonamientos de los republicanos, que al ver que sus fuerzas se pasan al campo socialista, apelan para contenerlas al sofisma y al engaño … )».
Un mes después los socialistas madrileños volvían a publicar otro amplio artículo de La Lotta di classe justificando su inserción por defenderse en el «criterio completamente igual» al que en más de una ocasión ellos habían sostenido (32).
Estas coincidencias de táctica en estos años (33) unidas a la relativa facilidad de lectura del idioma italiano, mueven a los socialistas españoles a seguir de cerca a sus colegas sirviéndose de sus publicaciones de forma progresiva hasta tal punto que, a partir de 1896, serán como veremos, una pieza clave en la vulgarización del socialismo en España (34).
En medio de esta recepción de influencias, ¿se planteó el partido, sistematizarlas o elaborarlas, o intentar crear un propio cuerpo de doctrina aplicable a España?.
En estos primeros años sólo conocemos un intento: el frustrado proyecto de edición por A. García Quejido de una revista teórica del partido.
De los fundadores de el PSO., Quejido es el único que, desde los comienzos de su militancia manifiesta una preocupación constante por profundizar en el conocimiento de la teoría marxista, as! en sus múltiple charlas, conferencias, escritos, aborda frecuentemente temas de Economía política. Por ejemplo, en los 2 ciclos de conferencias organizados por los socialistas barceloneses en 1889, Quejido se plantea corno temas «el valor» (dada «su especial predilección -dice el cronista- por este género de estudios y la importancia que tiene la determinación del valor en las relaciones sociales») y El Capital y los capitalistas, «que debe considerarse -dirá Quejido- como ampliación o continuación de la que dió en el curso anterior sobre el valor». En ambas ocasiones insiste en la necesidad de estudiar las cuestiones económicas y sociales corno el medio «más seguro de no equivocarse al juzgar nuestros principios sociales y no vacilar en su defensa». Estos temas se hallan también en el centro de sus escritos posteriores (35).
Sin duda alguna estas preocupaciones constantes, (en un marco de pobreza teórica que, como hemos indicado, él mismo reconocía años después, sin embargo), están en la base de su intento de crear en 1892, en Barcelona, una revista quincenal con el título de La Nueva Era.
Ahora bien, aunque el proyecto de revista parece tener su base en la preocupación personal de Quejido, no obstante éste al tomar su decisión tendrá seguramente en cuenta razones más objetivas que su preocupación personal.
En la mente de Quejido, pensamos, cobrarían cierto peso cuestiones como la relativa expansión de agrupaciones del PSO en la coyuntura 1891-92, a la que ya hemos hecho referencia; la necesidad de dar salida a los escritos y conferencias de los líderes locales que van generándose pues El Socialista no dispone de espacio para publicarlas y, cuando lo hace, aparecen con gran retraso (como en el caso de las de Quejido aludidas más arriba). Necesidad más perentoriamente sentida tras el importante éxito propagandístico obtenido por Iglesias en su controversia santanderina con Coll y Puig.
En este marco la revista debía ver la luz el 1 de julio. Con ella se pretenda «subsanar la deficiencias del «muy limitado espacio» que los periódicos del partido, (involucrados en las luchas cotidianas y obligados a informar del movimiento obrero internacional), dedicaban «a la exposición razonada de las doctrinas fundamentales del socialismo revolucionario (…) con perjuicio evidente de las mismas». Según El Socialista, La Nueva Era iba a tener un «carácter que pudiéramos llamar docente» apartándose «de la lucha apasionada y del momento para dedicarse con el reposo y la madurez necesarias a la difusión de todos y cada uno de los puntos que comprende la doctrina marxista».
La publicación parecía, fundamentalmente destinada a ser escrita por españoles, pues se daba «la circunstancia de ser obreros manuales casi la totalidad de los que figuran en la lista de colaboradores; esto es -añadía El Socialista- hombres que careciendo de educación científica y literaria han de encontrar gran embarazo para el desarrollo de unas doctrinas que por su propia grandeza debieran tener a su servicio plumas más privilegiadas» (36).
Pero el proyecto se vino abajo. La revista tras un primer aplazamiento no llegó a publicarse. La precariedad de medios económicos, -Quejido estaba en paro y viviría de la confección de ella- los ceses de otros periódicos del partido por falta de base de apoyo -de lectores- etc., dieron al traste con este primer proyecto de revista socialista. Unos años después también sucumbía La Guerra Social, órgano de los socialistas catalanes, ante la falta de fondos.
Antes de pasar al análisis de los cambios de fin de siglo en las publicaciones socialistas, conviene recoger algunas ideas que lo enmarquen de forma general.
Ya hemos indicado que en 1895 el partido socialista no había conseguido aún un amplio desarrollo ni implantación.
Tampoco su opción sindical -la UGT- conseguía un apoyo masivo entre los trabajadores. Apoyo que no empezará a ser importante hasta finales de siglo.
Pero en 1894-6 la situación era, además, altamente desmoralizante para los socialistas. Habían intentado a comienzos de la década la vinculación a la UGT de la Federación de Toneleros y de la de Trabajadores en hierro y demás metales. Ambos intentos habían fracasado ya en 1892 (37). Las relaciones con la Federación de las Tres Clases de Vapor de Cataluña habían seguido parecidos derroteros. El efímero entendimiento que condujo al congreso de enero de 1892, hizo que en el estuviesen presentes sindicatos de orientación socialista como los de Málaga. Pero tanto en el Congreso como inmediatamente después los enfrentamientos entre socialistas y hombres de las T.C.V. volvieron a su violencia habitual. Los socialistas crearán años después la Unión Fabril Algodonera como alternativa ante la descomposición de las Tres Clases de Vapor. Pero la Unión Fabril morirá de hecho cuando a finales de 1894 el Marqués de Larios acabe en Málaga, con el mayor sindicato textil de fábrica de la época -900-1.000 afiliados en la Industria Malagueña- en el que los socialistas eran ampliamente dominantes.
A estos fracasos globales en la política socialista deben añadirse los acaecidos a otros intentos de organización en los que los socialistas participaban -aunque sin gran fuerza-. Por ejemplo, la constitución en 1894 de la Unión General de empleados y obreros de los ferrocarriles de España que en 1895 se transformaba en Sindicato General de los ferrocarriles de España y que pese a las halagüeñas perspectivas iniciales languidecerá rápidamente en años posteriores, descendiendo ya a 300 cotizantes en 1897.
Esta situación de fracaso y estancamiento de las actitudes y organizaciones socialistas -que se prolonga hasta finales de siglo- va a ser el factor fundamental que obligue «a los dirigentes del PSOE y la UGT a abandonar su inicial radicalismo teórico para ajustarse a las condiciones concretas derivadas de la situación del país y de su escasa capacidad para incidir de forma significativa sobre ella». Esto va a suponer el «abandono progresivo de la perspectiva revolucionaria a corto plazo y la creciente orientación hacia las luchas con objetivos inmediatos, es decir, hacia las luchas reformistas» (38). (Subrayado nuestro)
Esta praxis se concretiza en la táctica contrapuesta de socialistas y anarquistas, implicando modulaciones y variaciones en los postulados teóricos defendidos por los socialistas, en cuyos escritos se intenta de forma progresiva -y no exenta de contradicciones- compaginar reformas y revolución, llegando en los últimos años del siglo a la concepción de la revolución como último golpe de un proceso reformista previo. Es decir, al abandono de toda perspectiva revolucionaria a corto plazo (39). Planteamiento que «( … ) favoreció el desarrollo de una mentalidad ( …) que hacía especial hincapié en el retraso industrial de España y en la necesidad de favorecer el desarrollo económico del país, corno paso previo a la edificación del socialismos, por lo que «la misión de los socialistas y de la clase obrera española consiste no en proyectar revoluciones a corto plazo a través del terrorismo o la huelga general, sino en fortalecer sus organizaciones de clase, y en contribuir a través de la lucha reivindicativa al desarrollo industrial del país» (40).
Dentro de este marco genéricamente esbozado, deben interpretarse los cambios en las publicaciones socialistas.

Los cambios de fin de siglo
Los años 1896-99 son de gran importancia en las publicaciones del PSOE: El Socialista cambia de «papel, fundición, forma y fondo» desde enero de 1896; en este año y el siguiente la Biblioteca Socialista publica nuevos e importantes folletos de divulgación; 1897 ve el nacimiento y muerte de La Ilustración del Pueblo, primera revista del partido; en 1897-98, se edita por entregas el primer tomo de El Capital de Marx; además de los folletos editados en España comienzan a venderse otros publicados en Argentina.
La primera de estas actividades es la ya apuntada renovación de El Socialista, de la que Juan José Morato parece haber sido el principal motor -o al menos su realizador- Morato, administrador de El Socialista desde 1888, veía así los cambios: «El periódico -escribía a Unamuno (41)- sale en efecto, muy amazacotado y nosotros haremos lo posible por corregirle de este defecto (42). Conformes en la necesidad de vulgarizar pero para esta tarea no tenemos a nadie; quizás suplamos la falta de vulgarizadores de dentro de casa traduciendo del italiano (43) nosotros no podemos dar lo que no tenemos. Cuantos hoy escriben o hablan son obreros manuales de poca instrucción y que sólo saben exponer malamente el abc del socialismo ( … ) los que mejor escriben de entre nosotros son los que lo hacen de higos a brevas y que no son miembros activos del partido. Y son los que mejor escriben porque leen, estudian, educan su gusto literario (44). Pero todos no pueden permitirse ese lujo, y hay aquí unos cuantos individuos que no leen más que periódicos porque no tienen tiempo para otra cosa. Iglesias seguramente que en mucho tiempo no habrá podido coger un libro, ni aún, casi, una revista. Ahora es cuando tendrá tiempo para ello [está en la cárcel] ¿Es posible dar así atractivo a la propaganda? Es más: de ese modo ni hay medio de estudiar el socialismo con alguna profundidad» (45).
Morato ejemplifica con su propia experiencia las posibilidades que el estudio, al que tan poco tiempo podían dedicar, les abriría: hasta hace poco -le indica a Unamuno- «creía que el exclusivo agente de todo proceso histórico eran las condiciones económicas, es decir, que el desarrollo mayor o menor de los medios de producción determinaba la forma de propiedad y ésta, a su vez, la forma de la familia, religión, moral, etc. y hoy creo que las condiciones económicas son el principal agente pero no el único. El estudio siquiera sea incompleto y somero me ha hecho cambiar de opinión, » (46). (Subrayado nuestro)
Morato se propone cooperar a la superación de esta situación de indigencia teórica por medio de traducciones y de escritos propios. Colabora con la Biblioteca Socialista traduciendo para su tomo II (mayo 1896-mayo 1897) varios de los folletos más sólidos del socialismo francés: El comunismo primitivo y la evolución económica, de P. Lafargue, La evolución del capital, de G. Deville y El materialismo económico de Marx, de Lafargue (47).
A ellos se une, completando este segundo torno, la obra del propio Morato: Notas para la historia de los modos de producción en España.
El folleto de Morato era el primer intento de aplicar un enfoque marxista a la historia española. Este texto, al margen de sus limitaciones, convierte a Morato, a nuestro conocimiento, en el primer socialista que comienza a analizar de forma específica nuestro propio país. Así en 1898 escribe en La Lucha de Clases y El Socialista su serie España y el descubrimiento de América que se publica en folleto al año siguiente. De la gran cantidad de artículos que Morato escribe en estos años -hasta su salida del partido en 1902-, bastantes se refieren a la conformación histórica de los trabajadores en nuestro país: (cofradías, gremios …), publicando en 1900 algunas entregas de: Organización Obrera y su serie La antigua legislación de¡ trabajo en Castilla, (intento de aplicación concreta de cuestiones del capitulo VIII de El Capital de Marx), etc., (48).
Pero tanto la Biblioteca como la obra de Morato aparecen como empresas personales y aisladas. El partido como organización no asume una política coherente de publicaciones. La Biblioteca Socialista sigue siendo un ente paralelo, separado de la organización, aunque su administrador, P. Cermeño, y su animador, Morato, sean miembros del Comité Nacional del PSOE (49).
El mismo carácter de obra independiente va a tener la creación del decenario La Ilustración del Pueblo, primera revista socialista.
Esta vez lanza y mantiene la empresa Álvaro Ortiz, militante y publicista destacado del PSOE. La Ilustración se componía en gran medida de textos literarios, cuentos y poesías (50) y de textos socialistas españoles, italianos, franceses… (51). En ella aparecieron también dos importantes textos de Engels: Dos cartas de Engels sobre la concepción materialista de la historia, publicadas por el Sozialistische Akademiker (en 1895) y El programa de los emigrados comunistas bienquistas (de 1874) (52).
Pero la revista cesaba su publicación sin alcanzar el año de existencia. Otra vez se habla hecho como empresa personal, sin ningún respaldo de la organización, y además, si hemos de creer a Morato, «no cuajó (…), incluso porque quién pudo recomendar su adquisión y darle prestigio con su firma no lo hizo, temeroso de que dañase a El Socialista. Aludimos a Iglesias cuyo beneplácito sólo lo logró una publicación madrileña, La Revista Socialista [1903], editada por don Mariano García Cortés y Juan Almela Meliá» (53).
En sus últimos números, La Ilustración Popular anunciaba otra labor editorial en marcha: la Biblioteca de Ciencias Sociales bajo el impulso de Antonio García Quejido.
Vuelto a Madrid y hallándose en paro, pensó Quejido -como Ortiz con La Ilustración- en ganarse la vida contribuyendo a la difusión de las teorías socialistas. Su primer objetivo fue editar El Capital de Marx. La idea la habla concebido -según Morato- años antes, en 1895, a raíz del viaje por España de J. Bautista Justo. El Doctor Justo estaba por entonces afiliado al Partido Obrero y al Centro socialista obrero de Buenos Aires y será desde el Congreso constituyente del Partido Socialista argentino (junio 1896), su líder más destacado.
Justo realizó en 1895 un amplio viaje: Nueva York, Madrid, Barcelona, Paris, Bruxelas, Londres. Su estancia en España duró varias semanas. En Madrid trabó amistad con algunos socialistas: Iglesias, Morato… participó en la velada necrológica de Engels, señalando la importancia de su obra teórica «que es también la obra de Marx». De Madrid pasó a Barcelona y allí, según Morato, contrajo con Quejido una amistad sostenida después «por frecuente correspondencias (54).
Quejido vuelve a Madrid en mayo de 1897 y para entonces ya debía tener perfilada con Justo la forma de realizar la edición. «Adquirió -escribe Morato- el tipo necesario para componer él mismo el molde de 3 o 4 pliegos en cuarto a fin de que las obras saliesen lo más cuidadas posible», y a finales de agosto, anunció públicamente su propósito de editar por entregas El Capital de Marx, traducido por Justo de la cuarta edición alemana que se «publicará íntegro, cosa que hasta el día no se a hecho más que en un solo país, en Alemania», y también la obra Los Principios socialistas de Deville «a la que seguirán todos los demás escritos de este autor».
Y comenzó a imprimir los Principios con la primera de las entregas del Capital que por correo marítimo le remitía Justo desde Buenos Aires (55). El primer cuaderno aparece el 6 de septiembre. A partir de entonces los cuadernos se editan con regularidad aunque su venta choque con serios problemas desde el principio. El primero de estos problemas aparece ya al anunciarse la segunda entrega: los socialistas españoles no veían la utilidad de adquirir otra vez El Capital.
«Algunos compañeros -indica la prensa socialista- están en la errónea creencia de que ya poséen El, Capital por haber adquirido el libro que con este titulo se vende. Aunque digno de aprecio por la época en que se publicó en España, deben tener en cuenta nuestros compañeros que dicho volumen es la traducción de un Resumen de El Capital, hecho por Gabriel Deville en Francia habiendo extractado, y además suprimido infinito números de pasajes muy interesantes y las notas que aclaran el texto.
«La edición que ahora aparece es la traducción directa de la extensa y completa dada a luz por cuarta vez en Alemania, y que ha sido concluida por Federico Engels a la muerte de Carlos Marx.
«Por ser distinta la traducción, ni aún siquiera se aprovecha la que imperfecta e incompletamente hizo del francés el señor Correa y Zafrilla» (56).
Las invocaciones contenidas en esta nota debieron ser un débil argumento para una masa de militantes a la que, ni antes ni durante la edición, se les explica la importancia que la lectura de la obra de Marx podía tener en su formación (57).
La edición choca también con otro problema de importancia. La suscripción a la Biblioteca suponía el desembolso continuo de una cantidad de dinero elevada para los presupuestos obreros. Consciente de este problema, Quejido intenta explicar que la edición no es tan cara pues aunque «parezca elevado» el precio de cada cuaderno, sus 32 páginas «reúne tanta lectura como un folleto de regulares dimensiones» «es más, incluso se puede demostrar su baratura» para ello «basta decir que El Capital vale en Alemania 9 marcos que equivalen hoy a 15 ptas, mientras que en España, «solo costará alrededor de 7 ptas., pagadas paulatinamente» (58).
Pese a estas ventajas, los compradores-lectores de El Capital no aumentaban. Quejido intentará atraerlos con una publicidad que ensalza las virtudes de la edición («perfectamente presentadas «con excelente papel») y de la traducción («sumamente escrupulosa que trata de conservar «no ya las ideas de Marx, sino hasta su mismo lenguaje»). Busca también suscriptores no obreros, recomendándoselo a «los deseos de conocer a fondo el fundamento de las modernas doctrinas socialistas» a los que «quieren conocer la magistral obra del eminente fundador de¡ socialismo científico, Carlos Marx, y la no mucho menos importante ( … ) de Gabriel Deville» a «cuantos se preocupan de dar solución al problema social». Las obras de la Biblioteca -se dirá- deben figurar «lo mismo en el gabinete de estudio del hombre de letras, que en la casa del obrero estudioso» (59).
Pese a toda esta problemática, Quejido consiguió enviar sin prácticamente ningún retraso todos los cuadernos. El 25 de julio de 1898 enviaba el cuaderno 24, conteniendo el último pliego de Principios Socialistas, que un mes después se ponía a la venta como libro (60). A partir de entonces los cuadernos sólo contienen el texto de Marx hasta el 19 de diciembre de 1898 en que se termina su edición por entregas. A primeros de enero de 1899 se vendía a 7,5 ptas., ya como libro, el primer tomo de El Capital.
Durante los meses de enero y febrero se hacen constantes llamadas a los corresponsales y suscriptores morosos en el pago de sus deudas con la Biblioteca, amenazándoles con hacer públicos sus nombres si no cumplen sus compromisos. No obstante, la intención de Quejido era seguir las ediciones una vez cobradas estas deudas: «Mientras se prepara el segundo tomo de El Capital -anunciaba- aparecerán simultáneamente dos obras de importancia, una de carácter económico y otra de carácter político». Estas obras eran Historia de los sistemas económicos y sociales por Héctor Denis, profesor de la Universidad libre de Bruselas, traducción de Pablo Iglesias, y La Comune de París en 1871, de José Mesa (61).
Sin embargo, la edición del capital no parece haberle sido muy rentable, pues, como indica Morato, «casi no sacó más que el jornal que hubiera sacado en la imprenta por el mismo trabajo». Pese a todo sigue manteniendo la venta de ejemplares e inicia la edición de la revista Nueva Era en 1901 (62).
No obstante al año siguiente, y por razones no muy claras, dejará también la Nueva Era (63) y, en 1903, liquidará la edición del Capital y los Principios donando al Comité Nacional del partido los ejemplares que aún quedaban (64).
Hasta aquí hemos visto las principales publicaciones realizadas por los socialistas madrileños. Para completar el panorama editorial del partido deben tenerse también en cuenta las publicaciones de los socialistas de otras partes de España (65).
Todo ello nos darla una amplia visión de conjunto de los textos accesibles al lector español. Visión que debe ser completada con la consideración, al menos, de un conjunto de folletos que, aunque no fueron editados en España, fueron distribuidos y vendidos por los socialistas en nuestro país. Se trata de folletos publicados en Buenos Aires.
El Socialista había comenzado sus contactos con Argentina en 1889 a través de las cartas del emigrado español José Margali. Las relaciones se van estrechando a partir de la consolidación organizativa de los diferentes núcleos de socialistas argentinos, cuyas publicaciones (El Obrero, El Socialista, La Vanguardia) se reciben. En 1893 ya existen relaciones estrechas con núcleos castellano-hablantes, que delegan en los españoles para que los representantes en el Congreso Internacional de Zurich y reimprimen la traducción española del Manifiesto Comunista, enviando 300 ejemplares para su venta en España (66).
En 1896, los socialistas argentinos crean una Biblioteca Científica Socialista. Sus dos primeros folletos eran traducciones del italiano: La táctica revolucionaria de Plejanov y La moderna lucha de clases de Turati. Las publicaciones siguieron adelante con otra obra cuya difusión se extiende a España. En abril de 1897, por ejemplo, El Socialista anunciaba en venta El derecho a la pereza de Lafargue; Los instigadores de Turati y Los deberes del soldado de Tolstoy; El método científico de J.B. Justo; Observaciones sobra la cuestión social de E. de Amicis; Sentido común y sugestión de R. Ardigó [con un prólogo de Turati sobre Las frases y los perjuicios corrientes); Bases económicas del derecho de Aquiles Loria. Salvo los dos últimos folletos, todos los demás volvían a estar a la venta en junio de 1898, esta vez acompañados, entre otros, de Fuerza y violencia, de Plejanov (67). En 1898, El Socialista recibe, además, otros dos importantes folletos de J.B. Justo: la conferencia Cooperación obrera que reproduce parcialmente en sus páginas, y En los Estados Unidos. (Apuntes escritos en 1895 por un periodista obrero) que La Lucha de clases publica íntegramente en sus columnas. Ambos folletos y La teoría científica de la Historia y la política argentina del mismo autor, estarán a la venta en nuestro país en 1899 (68).
Estas publicaciones, como vemos, amplían más aún el número de escritos de socialistas italianos disponibles en nuestro país (69). Al mismo tiempo se introducen, con las obras de Justo, diversos postulados de carácter revisionista que conviene analizar: En Cooperación obrera, Justo expone la que «( … ) tanto en el Manifiesto Comunista, como en sus otras obras más importantes, Marx y Engels han sostenido que la consecuencia del sistema capitalista era «la creciente miseria, opresión, servidumbre, degradación…. de la clase trabajadoras, de la misma clase a la cual señalaban una misión histórica tan grande. Esa contradicción les obligó a recurrir a los artificios de la metafísica para explicar la revolución social que preveían, y, a decir, por ejemplo, que la sociedad se transformará en virtud de su «propia, interna e inevitable dialéctica, o en virtud de la «negación de la negación». «Para los trabajadores y para la ciencia esas fórmulas no quieren decir nada. Por mi parte nunca las he entendido y he buscado por otro camino la explicación que ellas me daban. Mis lecturas y lo que he visto en el mundo me han conducido al modo de ver que he expuesto ya en varias conferencias (…) que toda una serie de datos prueba la elevación material e intelectual de la clase obrera en los países de capitalismo más adelantados. Tras enumerar toda una serie de conquistas obreras que justificarían su aserto, Justo añadía algo que recuerda directamente a Bernstein: «No nos dejemos cegar por preocupaciones del partido, ni engañar por los mirajes de la utopía… » ,No confundamos la finalidad aparente de nuestra conducta con su finalidad real. ¡Cuántas veces está en proporción inversa la una de la otra! Amemos las ideas generales y ocupémonos de cosas pequeñas. Así es como conseguiremos hacerlas grandes».
Medio año después en la Teoría Científica…, interpretando las cartas de Engels que él mismo tradujera del alemán en 1896, arremete contra «el nombre metafísico de “materialismo” que se pretende seguir dando a la concepción de la historia». Obviamente eran los primeros pasos hacia las posiciones bersteinianas decidida y explícitamente aceptadas por él desde comienzos de siglo en El Socialismo (1902) y El realismo ingenuo (1903) en que critica y ridiculiza el método dialéctico. Ambos textos serán reproducidos en 1903 por El Socialista y la Revista Socialista, es decir, por los órganos más importantes del partido.

Nota final
Con el presente trabajo sobre la labor editorial del partido hemos pretendido plantear -de forma esquemática y enunciativa- algunos de los aspectos de una problemática que está necesitada aún de estudios más profundos.
Nos hemos limitado a enumerar una serie de lecturas ofrecidas a los militantes del partido (70). Una visión general de estas publicaciones muestra que en ellas no se plantearon abiertamente ninguna de las grandes cuestiones que centraron las polémicas del socialismo internacional de finales de siglo. Pero esto no significa que los dirigentes socialistas no las conociesen. Estaban al corriente de ellas, tanto por su propia participación en las estructuras organizativas internacionales, como por la asidua recepción y lectura de las principales publicaciones socialistas extranjeras, sobre todo francesas e italianas (71).
La inexistencia de revistas del partido y el contenido contingente y pragmático de la mayoría de los escasos folletos de autores españoles, muestra cómo el planteamiento y discusión de las teorías socialistas estuvo prácticamente ausente en nuestro país. Se polemizó con los contrarios. De ahí los diversos folletos de controversia. Pero no se profundizó en el estudio de las teorías ni en su aplicación concreta. El marxismo no es usado en general por los españoles como método de análisis. Salvo los estudios históricos de Morato y algunos artículos esporádicos de prensa, el socialismo español no produce análisis concretos sobre la realidad española.
La inconsistencia teórica del socialismo español llevará a netas contradicciones. Así, en 1901, desde la Nueva Era, su fundador, Quejido, se ve precisado a criticar abiertamente la ley de bronce de salarlos por no considerarla acorde con los conceptos básicos de la teoría marxista, ni con la práctica de su propio partido. Sin embargo, (y pese a que los escritos de Quejido eran la formulación más seria y rigurosa hecha hasta entonces desde el marxismo) al mismo tiempo La Aurora Social de Oviedo y El Socialista, editan y distribuyen los folletos en que Guesde habla expuesto, hacía más de 20 años, como médula central de la argumentación socialista, la ley de bronce de los salarios (72). Todo lo cual coexistía, además, con la reproducción de los textos de Justo directamente emparentados con el revisionismo bersteiniano.

Notas:
(1) El presente escrito se basa en el artículo que con el titulo De «El Socialista» a «El Capital» (Ias publicaciones socialistas 1886-1900, se publicó en Negaciones), Madrid, 1978, nº 5, págs. 41-46. En esta versión hemos corregido algunas apreciaciones y desarrollado algunas ideas esbozadas en aquel articulo. Ambos textos deben considerarse como resultados provisionales de un trabajo de conjunto que desde hace años realizó bajo el titulo genérico de Propaganda y organización del PSOE., desde sus inicios a los primeros años de nuestro siglo.
(2) Basamos nuestros datos en un estudio minucioso de los grupos existentes, que exponemos en la I parte de nuestra tesis doctoral de pronta presentación. En más de una ocasión difieren de los manejados en otros estudios basados por lo general en datos oficiales o de segunda mano.
(3) En octubre de 1894 se inicia La Lucha de Clases (Bilbao), segundo semanario socialista que conseguirá una estabilidad duradera. Hasta entonces se habían publicado temporalmente diversos periódicos socialistas de muy desigual entidad: La Veu del Treball, Játiva (octubre-diciembre, 1889) El Grito de Pueblo, Alicante (1891-?) La Guerra Social, Barcelona (enero 1891-octubre 1893) La Lucha de Clases, Bilbao (mayo 1891-marzo 1892); El Grito de los Oprimidos, Mataró (sin periodicidad fija, 1892); La Bandera Roja, Palma de Mallorca (junio 1892-febrero 1894); La lucha obrera, Santander (mayo 1893); La Igualdad, Bilbao (julio-octubre 1893). En julio de 1894 se iniciaba también la publicación de La Voz del Obrero en El Ferrol.
(4) Hasta 1895 se editaron fuera de Madrid al menos los siguientes folletos de socialistas españoles: Los explotadores y sus víctimas, por Fernando Rico Gutiérrez (Málaga 1890); Discursos pronunciados en el mitin de controversia celebrado en Santander el 15 de mayo de 1892 por D. Antonio Col¡ y Puig, director de Voz Montañesa y el compañero Pablo Iglesias (Santander, 1892, 2 ediciones) Propaganda Socialista de Juan Pich y Creus, (Barcelona 1893); Política de clase, por F. Sanchís Pascual, (Valencia, 1894); Gritos del alma, (poesías) por Rafael Carratalá Ramos, (Valencia, 1894).
(5) He tratado esta cuestión en S. Castillo y M. Pérez Ledesma, edit.,: Pablo Iglesias. Escritos l., Madrid, Ayuso 1975, págs. 55-59. Allí indicaba como resumen de las condiciones materiales en que se elabora el periódico que «con tan exiguas fuerzas y sobrecargados de trabajo comenzaba a publicarse el semanario. De estas condiciones iba a depender en buena medida una cuestión tan importante como el contenido, es decir, los textos que iban a publicarse y la manera de redactarlos».
(6) Una documentación de estas cuestiones en S. y JJ. Castillo, «José Mesa y Leompart (1831-1904) y el socialismo español»,en Revista de Estudios Sociales, Madrid, mayo-diciembre 1975, n” 14-1,págs.77-126.
(7) Una comprobación detallada de estas afirmaciones en S. Castillo. «La influencia de la prensa obrera francesa en El Socialista (1886-1890). Datos para su estudio», Revista de Trabajo, Madrid, nº 56, IV, 1976, págs. 85-136.
(8) El Socialista (1886) núms. 2-12, 14-17, 19-22, 25-26. En estas fechas A. Atienza traduce Socialismo utópico…. de Engels que se edita como folleto en 1886 y es reproducido en el periódico en 1889-1890.
Los socialistas madrileños también publican, en estos primeros años, tomados de Le Socialiste, algunos textos de F. Engels: El movimiento obrero en América, 1887; Situación política en Europa, 1886; J.F. Becker 1887; Capital y Trabajo, 1892; Las tres batallas de la burguesía contra el feudalismo, 1893.
(9) Esta obra iba acompañada en la edición alemana de un apéndice de Berstein, reproducido en Le socialiste, con el titulo Sur la Révolution Francaise, que El Socialista traduce y publica bajo el titulo de Consideraciones sobre la revolución francesa. 1887.
(10) El Estudio…. pertenecía a «Le capital resumé et accompagné d’un Apercu sur le socialisme scientifique» (Paris 1883, in 18, 324 págs.), que fue traducido por A. Atienza y editado como libro en castellano en 1887 como veremos.

(11) Amplio extracto de la conferencia de Deville Estado y socialismo, publicado en Le Socialiste (mayo-julio, 1895) y como folleto en francés (36 páginas in 80) en el mismo año. Reeditada dentro de Principios Socialistas en 1898 en España, como veremos.
A las series de artículos citados en el texto deben añadirse los discursos parlamentarios de Guesde y Jaurés que El Socialista recoge en sus páginas (por ejemplo, en 1894, núms. 418 a 420, 441, 458 y 460). Algunos de estos discursos -como el de Guesde de 20 de noviembre de 1894- son exposiciones brillantes y globales de la concepción del socialismo. La traducción de los discursos fue obra fundamentalmente de J. Mesa, según Morato.
(12) Previo a la edición del periódico sólo se había editado como folleto El informe (de J. Vera) ante la Comisión de Reformas Sociales, que seguirá a la venta en 1886.
La edición del Manifiesto era la primera castellana en folleto. Anteriormente había sido editado como folletón en La Emancipación (1872), El Obrero (1882) y El Socialista (1886). En todos los casos la traducción empleada era la de J. Mesa.
(13) La ley…. se reimprimió en 1891. El escrito de Engels ya habla sido publicado por el periódico. El siguiente libro de Engels en castellano, será El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, editado en 1896 por La España Moderna. Mediante contrato con la editorial, los socialistas venderán la obra a mitad de precio, (3 ptas.,) para sus militantes.
(14) La fecha de la edición de los tres folletos citados: Guesde (1879), Lafargue (1882), Deville (1883).
(15) Otros datos sobre la edición de la Miseria en S. y J.J. Castillo, José Mesa…. art. cit. págs. 90-91. El título completo de Guesde: Colectivismo, Conferencia dada ante el Círculo de Estudios Económicos de Bruselas (7-III-1891) se puso a la venta en agosto de 1893. Habla sido publicada ya en El Socialista en mayo-junio de 1892.
(16) En «cuadernos semanales de 16 páginas en 8º francés, al precio de l0 céntimos de peseta, que se abonarán al tiempo de recibir el cuaderno. Cada uno de estos lleva su correspondiente cubierta.
«Todos los folletos llevarán la paginación independiente, al objeto de poder encuadernarse por separado. Sin embargo, cada semestre se repartirá un índice de los folletos publicados a fin de que se puedan formar un tomo de 400 páginas para el cual se regalarán unas elegantes tapas, ». (La Lucha de Clases, n” 35, 1-VI-1895).
(17) Sobre la edición de la Guerra civil… y el Informa, vide supra. El Catecismo socialista traducido de The Justice, Londres, habla sido editado en El Socialista, (1888), núms. 97 a 104 y 107.
(18) En La Lucha de Clases (nº 35 ya citado) se anunciaba que además de la Guerra civil, en publicación, se editarían posteriormente la obra de Joynes, el Informe Vera, el Babeuf de Deville, las Consideraciones de Bernstein, La Religión del Capital de Lafargue (todas ellas ya editadas con anterioridad), e Historia de la Commune de París de J. Mesa editadas por El Socialista, 1889-1890, y en publicación entonces en La Lucha de Clases (1894- 1896).
(19) A. G. Quejido: «La Ley de los salarios ¿está bien formulada?- (La Nueva Era, 1901). Reproducido en Pensamiento socialista español a comienzos de siglo: García Quejido y La Nueva Era (edición y prólogo de M. Pérez Ledesma), Madrid, Editorial del Centro, 1975, pág. 94.
Quejido ya había resaltado en el primer núm., de La Nueva Era que «obreros de los oficios quienes han creado el socialismo español más aplicados lógicamente a la lucha y a la organización que al estudio y al método, forzosamente su cultura tiene que ser deficiente, deficiente no por la falta de deseos y de voluntad, sino de tiempo y aún de medios». (ibid., pág. 29). También Morato como veremos hacía similares juicios en 1895.
(20) Véase El quesdisrno y su influencia en España, págs., 30-37, del libro citado en nota anteriormente. (Puede también consultarse nuestro comentario a este libro en Revista de Estudios Sociales, nº 14-15, 1975, págs. 257-
262).
(21-22) Vease por ejemplo: T. Jiménez Araya: «La introducción del marxismo en España: el informe a la Comisión de Reformas sociales de Jaime Vera», en Anales de Economía, julio-septiernbre, nº 15, 1972, págs. 107-149, articulo publicado con variantes en A. Elorza y M.C. iglesias: Burgueses y proletarios, Barcelona, Laia, 1973, págs. 45- 71; M. Pérez Ledesma: Pensamiento…. ob. cit; A. Elorza: Los esquemas socialistas en Pablo Iglesias, Sistema, oct. 1975, núm. 11, págs. 47-83- idem: Introducción a Pablo Iglesias. Escritos lI, Madrid, Ayuso, 1975, págs. 13-14. También S. Castillo: articulo citado en notas 5, 6 y 7.
(23) Véase sobre todo C. Willard: Le mouvement socialista en France: Les Guesdistes (1893-1905). París, E. Sociales 1965, 770 págs. También: ldem: Paul Lafargue y la crítica de la sociedad burguesa (págs. 417-434 en la obra colectiva Historia de¡ marxismo contemporáneo (1), Barcelona, Edit. Avance, 1976). ldem: Jules Guesde. Textos choisis, París, E. Sociales, 1970, p. 7-34. Jacques Girault: Paul Lafargue. Textes choisis, París, E. Sociales, 1970, págs. 9-71; M. Pérez Ledesma, ob. cit.
(24) Sólo conocemos un intento global de este estudio. Se trata de la tesis doctoral que realizaba la profesora Elena Ángel. Pero su trágica muerte ha quebrado en pleno curso la trayectoria de una persona de hondas cualidades humanas y científicas.
(25) Para el estudio del movimiento obrero italiano en este período, sigue siendo básico el clásico libro de G. Manacorda: il movimiento operaio italiano. Dalle origini alla formazione del partito socialista (1853-1892) Roma, E. Reuniti, 1963, 3a edi. 1974, cap. VIII y IX. Una interesante síntesis, imbricada en el contexto de la historia general italiana, en G. Candeloro: Storia dell‘italia Moderna. Tomo VI: Lo sviluppo del capitalismo e del rnovimento operaio (1871-1896), Milán, G. Feltrinelli, 1970, 6a edición 1978, págs. 374-399. Una interpretación de la constitución del partido como entrada de la burguesía en la organización obrera en R. del Carria: Proletari senza revolucione: storia delle classi subalterne in Italia, vol. 11 (1892-1914), Roma, Savelli, 3a edición 1977 (1a edición 1966), págs. 7-40 fundamentalmente. Como fuente documental para el periodo es de interés la consulta de S. Merli: Proletariato de Fabbrica e capitalismo industriale. II caso italiano: 1880-1900. Documenti. Florencia, La Nuova Italia, 1973, págs. 61-108 especialmente.
(26) Crítica Sociale sustituía a Cuore e crítica revistas que en los años 1886-90 había sido el instrumento de expresión de la corriente más moderna de la sociología positivista abierta al socialismo. Turati pretendía con Crítica Sociale crear una revista política cultural socialista abierta a la colaboración de los intelectuales demócratas que tendiesen al socialismo. Y esto sin ruptura drástica con los lectores y colaboradores de la revista anterior pues pensaba en formar los cuadros del futuro partido facilitando el paso de los intelectuales positivistas de la democracia radical al socialismo. Paso que, por demás, el mismo había dado (Cifr.: G. Candeloro: Storia…. ob. cit. págs. 388-389). Turati pretendía tres objetivos fundamentales: llevar el socialismo al movimiento obrero; unificar en el socialismo científico los socialismos de todo género, es decir, eliminar la confusión y la aproximación que reinaban en este campo y romper con el «socialismo» de los anarquistas; atraer hacia el movimiento obrero a aquellos intelectuales a los que se pudiese conquistar. Por ello, la cuestión más debatida en los primeros meses de vida de Crítica sociale fue la de las relaciones entre democracia y socialismo, con la novedad de que Turati realizaba su propaganda en función de la distinción entre socialismo y democracia burguesa (Cifr.: G. Manacorda: II Movimiento…. ob. cit. págs. 316-320).
(27) En el informe italiano al Congreso internacional de Zurich (1893) se dice: «No teniendo dinero las Sociedades Obreras (…) un grupo de socialistas militantes, de acuerdo con la Comisión Central del Partido, fundó por suscripción privada en julio de 1892, un mes antes del Congreso Nacional (…) La Lotta di Classe (…) en Milán con el objeto de preparar el próximo Congreso y ser declarado en él órgano oficial y central del Partido».
Se publicó «bajo la dirección puramente nominal de Prampolini, pero de hecho bajo la de Turati, G. Gandeloro: Storia…. ob. cit. págs. 393. Véase también G. Manacorda: II rnovimento…, ob. cit. págs. 336-337.

(28) En cuanto a E. De Amicis véase EI Socialista, núm.313, 4-III-1892, núm.320, 22-IV-1892 Progresos del socialismo (extracto de un discurso suyo); 327, 21-VI-1892. La imbecilidad progresiva de la burguesía núm. 373, 1 de mayo de 1893; Carta de Amicis al Grido di Popolo.
E. Ferri y Maffei se adhieren al partido en el Congreso de 1893 (El Socialista núm. 395 y 396 El Congreso de Reggio italiano (discurso); El medio social y la criminalidad; Cartas Ferri-Spencer, (núms. 402, 423, 424, 496, 497). Además la prensa socialista, desde abril de 1895 anuncia que, mediante contrato con la casa editora (F. Fe), pone a la venta a la mitad de su precio normal, es decir, 1 peseta, el folleto de Ferri: Socialismo y ciencia positiva (traducción de Verdes Montenegro).
Las sublevaciones campesinas de Sicilia (1893) ocupan amplios espacios en El Socialista. A. Labriola, desde Roma, hace de intermediario en el envío de los escasos fondos recaudados en España para los sicilianos.
(29) El Socialista, núm.373, 1 de mayo de 1893, pág.3 «Italia. Carta de Felipe Turati».
(30) Sobre esto vide G. Candeloro: Storia…. opus cit, p. 446-447. El Socialista resaltaba en su nº 395, 29-1X-1893, p. 2 que la entrada en el partido de Ferri y Maffi tuvo como requisito su presentación como candidatos sólo del partido socialista.
(31) Cifr.: por ejemplo, núm. 339, art. cit.; núm. 368 Hipócritas y falsos. La presentación de candidatos exclusivos (aunque el propósito del partido según su C. Central «no es tener legisladores sino hacer surgir agitadores,» les daba a los italianos resultados positivos ya en las elecciones de 1892 en opinión de El Socialista, núms. 349 y 350.
(32) «La alianza de los partidos afines, y República y socialismo. Lógicamente no se puede ser republicano sin ser socialistas (El Socialista, núm. 394,22-1X-1893, págs. 1-2; núm. 398,20-X-1893, pág. 2). Discurso y artículo son copia de La Lotta di Classe.
(33) La reacción desencadenada por Crespi en 1894 hizo que el partido socialista italiano pusiese en primer plano la lucha política y modificase el planteamiento de las relaciones con los partidos «afines». El mismo Turati iniciaba el paso de la línea intransigente hacia una política de alianzas a finales de 1894. Estos cambios se aprobarán en el congreso clandestino de Parma en enero del año siguiente. Cambios que no se reflejarán esta vez en El Socialista español. (Cif r.: G. Gandeloro: Storia…. ob. cit. págs. 446-448.
(34) Entre las publicaciones italianas que más se léen y utilizan en estos años: Crítica sociale y Lotta di Classe, Milán: Giustizia Sociale,,Palermo; La questione sociale, Prato; II Grido, di Popolo, Turin.
(35) Conferencias dadas el 18 de mayo y el 14 de diciembre de 1889. (Cifr.: El Socialista núms. 175 y 216). Véase también «Principios económicos de la reducción de la jornada de trabajo y La acumulación capitalista y las horas de trabajo» (artículos escritos por Quejido para el 1º de mayo de 1893 y 1894. Cifr.: núms. 374 y 425). En ambos artículos se enfrenta al problema del valor de la fuerza de trabajo y la plusvalía. En el 2º de ellos –sobre cifras de7 países- llega a la conclusión de que el término medio del tiempo de trabajo necesario no excedería de 4 horas, dándose, por tanto, diariamente un tiempo medio de trabajo excedente, trabajo no pagado, de 2 3/4 de hora.
(36) El Socialista, núm.328, 17-VI-1892, págs. 2-3 «La Nueva Era» (Vide también núm.331).El partido sólo contaba con un intelectual, el doctor J. Vera reincorporado poco tiempo antes (1891).Sólo años después entrarán en el PSOE, madrileño el abogado R. Oyuelos y los profesores Verdes Montenegro y Unamuno.
(37) Los toneleros no sólo hablan refutado la unión desde postulados de neutralidad ideológica sino que incluso se habían llegado a plantear la constitución de otra Unión general de sociedades de resistencia con carácter societario.
Los trabajadores en hierro rechazaron en el Congreso de 1892 el ingreso en la UGT., aceptando solamente el que las secciones pudiesen a titulo personal adherirse a la UGT, o a cualquier otra estructura organizativa.
(38) M. Pérez Ledesma, ob. cit. pág. 46.
(39) Este proceso de compaginación puede seguirse en El Socialista ya desde 1895; «Error grave», núm. 485, «Más necesario que nunca. » (núm. 503), «Las reformas son indispensables» (505), «los que lo han de hacer» (número 507). Siendo totalmente claro a partir de 1896. Esta tendencia a la compaginación, y, en el fondo, a la supeditación de la revolución a las reformas no era privativo del socialismo hispano, sino fenómeno generalizado en el socialismo europeo; por ejemplo para Francia: C. Willard: Lo mouvement… (Ob. cit. págs. 181-197). También en el socialismo italiano de finales de siglo, por no hablar de la compleja problemática que planteará el bersteinismo en la socialdemocracia alemana.
(40) M. Pérez Ledesma, ob. cit. pág. 47.
Para una formulación temprana de estos puntos véase «Burguesía imbécil» en El Socialista, núm. 556, 30-X-1896, págs. 1-2.
(41) Carta de J. J. Morato a M. de Unamuno, 5 de diciembre de 1895, Archivo Unamuno (A. U.) Universidad de Salamanca.
(42) En efecto, El Socialista adquiere una mayor amenidad tanto en su forma corno en su fondo, Por lo que se refiere a este último, cabe destacar la inclusión de artículos de prensa republicana y la creación posteriormente de una significativa sección: Colaboraciones burguesas. En ella se publican textos de «escritores burgueses, (núm. 577). Se incluyen autores como L. Figueroa, E. Blasco, Vital Aza, Benavente, E. Pardo Bazan (núms. 577, 585, 587, 598, 599, 600, 606, 610, 615 .. ).
No obstante el periódico padecerá en todos estos años la contradicción generada por su doble carácter de órgano oficial del partido -necesitado, a medida que éste crece, de mayor espacio para reflejar su organización, actividades, etc.,- y de revista de divulgación, que precisa para ello de amplio espacio. Contradicción que se agudiza por la inestabilidad de los demás periódicos del partido y por la inexistencia de revistas del mismo.
(43) A partir de 1896 se recurre ampliamente a escritos italianos (fundamentalmente de De Amicis pero también de Ferri, Turati, y en menor medida de Labriola; véanse, por ejemplo, los núms. 523, 530, 546, 547, 549, 553, 561, 565, 566, 569, de marzo de 1896 a enero del 97). En años posteriores se siguen empleando también en otras publicaciones como la Ilustración del Pueblo y La Lucha de Clases que reproduce, por ejemplo, 11 de los 13 textos editados en la Ilustración (vide infra).
A estos textos reproducidos en la prensa periódica deben añadirse los folletos de autores italianos traducidos en Argentina y distribuidos también en España, a los que aludiremos más adelante. Así mismo, existe en castellano, aunque no en edición «socialista» Para el primero de mayo, de E. de Arnicis, traducido por H. Giner de los Rios.
(44) Morato expresaba claramente una de las preocupaciones básicas del partido en estos años: la carencia de intelectuales en sus filas. Sólo se encuentran en el partido J. Vera, que no es militante activo pero que presta su nombre a éste desde su reincorporación en 1891 hasta su muerte («Quizá ciertos nombres, el de Vera por ejemplo -dirá Morato- nos han servido de más que todo el trabajo personal que ellos hayan realizado por el partido»); Oyuelos y Verdes Montenegro, a la sazón militante cuasi clandestinos «trabajan aunque anónimamente en la obra nuestra. Ahora están dando una serie de conferencias de carácter privado para los socios del Centro Obrero. Verdes acerca de el Hombre y Oyuelos acerca del Derecho. No dan su nombre por las razones que usted sabe» escribía Morato a Unamuno en diciembre de 1895.
No obstante, la actividad dentro del partido de Verdes y Oyuelos, (este último firmaba en El Socialista con sus iniciales), era muy diferente a la de Unamuno, perteneciente entonces al PSOE. Oyuelos y Verdes permanecerán en el partido, mientras que Unamuno tras defender que su organización se transformase en un mero movimiento de ideas, abandonará rápidamente el PSOE., en el que, por otra parte, nunca cumplió estrictamente ni las tareas ni las obligaciones de militante.

Los disgustos que le acarreaba el declararse socialista -indicará Unamuno a Morato e Iglesias- le ponían en el caso de no firmar sus escritos en la prensa del partido. Esta actitud vergonzante debla preocupar a los socialistas pues, como indica Morato, «necesitamos que la gente vea que no somos sólo» cuatro trabajadores manuales los que constituimos el Socialismo español, sino que hay con nosotros hombres de valía que viven de trabajos exclusivamente intelectuales (carta de Morato citada). No obstante, Morato parecía seguir manteniendo la esperanza «ya hay afortunadamente -dirá días más tarde- republicanos que piensan que lo nuestro es cosa que merece la pena de estudiarla, y la estudian.
«Otro empujón y vendrán a relevarnos a los que hoy estamos haciendo un papel que no es el nuestro. ¡Ya va siendo hora! » (Carta Morato-Unamuno, 7-1-1896 [A.U.]).
Esperanza que concuerda con la aparición de la sección Colaboraciones burguesas a que ya hemos aludido. No obstante Morato expresaba claramente la actitud práctica que pensaba mantener el partido: «Al que nos trate como merecemos, ponerle en los cuernos de la luna. Al que nos maltrate, reventarle. A los falsificadores del socialismo, guerra sin cuartel» (carta del 7-1-1896).
(45) En una carta anterior, 5-XII-1895, Morato pedía a Unamuno un articulo suyo, con o sin firma, para El Socialista de 1 de enero de 1896, pues «con ese número inauguramos papel, fundición, forma y fondo. Es decir, que transformados El Socialista y con tal felice [sic] motivo queremos hacer un número que se pueda leer». También le rogaba Morato que «me diga por vía de consejo qué reformas introduciría V. en El Socialista, advirtiéndolo que ya tenemos acordadas algunas». La carta del 15 de diciembre es, pues, contestación de Morato a los consejos que Unamuno habría enviado.
(46) Carta del 15 de diciembre 1895 ya citadas. Este cambio de visión se basa probablemente en las Cartas de Engels sobre el materialismo histórico publicadas por el Sozialistische Akademikerer 1895; Morato acabaría de leer, suponemos, los dos artículos de B. (onnier) dedicados a ellas en Le Socialiste (17 y 24 de noviembre). (Estas cartas se publicaron en castellano en el nº 7 de La Vanguardia, Buenos Aires, 1896 y en España en’,1897).
Es obvio que la evolución de Morato se inserta dentro de las propias mutaciones de su partido y del socialismo internacional, evidenciadas con mayor fuerza tras la muerte de Engels. En esa evolución la publicación de las Cartas de Engels y de su Prefacio a Las luchas de clases en Francia 1848-1850 de Marx (publicado en El Socialista, 1895, y en El Socialista febrero-abril de 1896) jugaron un importante papel como componentes esenciales del testamento teórico de Engels. Vide: Bo Gustaffson: Marxismo y revisionismo. Méjico, Grijalbo, 1975, p. 48-65, 81-88 y 114-127.
(47) Las fechas de publicación en francés: Lafargue (1892, reeditado en 1895); Deville (1884, cinco folletos); Lafargue (1834, reproducido en L’Ere Nouvolle en 1893).
(48) Morato escribe con cierta frecuencia en El Socialista -del que es administrador hasta 1902-, pero sobre todo lo hace en otros periódicos del partido, corno La Lucha de Clases, Bilbao, o La Voz del Pueblo, Santander.
(49) La Biblioteca no publicó más tomos; sólo publicó folletos de La Commune (1898); La religión del capital, de P. Lafargue, (1898); La justicia del socialismo,-por Miguel de Aquino (pseudónimo) (1899); Breves estudios biográficos («Biografías e ideas de los economistas más notables») de Miguel de Aquino (publicado por entregas encuadernables 1899), estos Estudios…, ya habían aparecido como folletín en La Lucha de Clases en 1896.
Otros folletos editados en Madrid en estos años: Sociedades de resistencia, (artículos de El Socialista en 1898 recogidos e impresos por cuenta de la Sociedad de Obreros en Hierro y demás metales. Se anuncia sin indicación de autor) 1900; en 1901, Organizaciones de resistencia por P. Iglesias. También en 1900 se reimprimen el Mitin Iglesias-Coll y Puig y el Estudio…. de Deville; y en 1901 Socialismo utópico de Engels y El Manifiesto Comunista. (50) La ilustración del Pueblo abarca núm-1,10-1-1897 a núrn. 9, 31-III-1897; prosigue su publicación con el nombre de Ilustración Popular núm. 1,10- IV a núm.16, 10-IX-1897. Alvaro Ortiz «redactaba, componía y administraba» la revista en sus dos épocas (Morato: Historia de la Asociación General del Arte de Imprimir, Madrid, 1925, págs. 233-4). Ortiz publicó artículos y poemas suyos en la práctica totalidad de los números. Otros poetas de la revista fueron A. Atienza, J. Pérez Casas, Pedro Subiela, Remigio Cabello.
(51) De los 25 números que tuvo la revista bajo sus dos denominaciones, en l3 aparecieran textos italianos: de F. Turati: La filosofía en la cuestión social. A propósito de las frases y los prejuicios corrientes (del prólogo a un folleto traducido en Argentina. Vide supra) 2 números; Un viejo sofisma; En el futuro, de E. Ferri: El materialismo histórico; La paz. De E. Amicis: Por la pez (3 números). De J. Bonagiuso: El socialismo y la enseñanza religiosa. De A. Loria: La propiedad (3 números).
De los textos franceses aparecidos cabe destacar los dos artículos del Dtr. A. Delon: La teoría marxista del valor y Análisis del asalariado (tomados de Le Socialiste) y la serie La sociedad sin Estado (3 números) de G. Deville, además de tres artículos de Lafargue: La sociedad del porvenir, El socialismo y Hermosa libertad, junto a uno de Jaurés La concentración capitalista.
En cambio sólo fueron publicados dos textos cortos de autores alemanes: La evolución del Estado de A. Bebel y Fragmento (de Maltusianismo y socialismo) de K. Kautsky. (52) La llustración Popular, núms.2-5, abril-mayo de 1897.
(53) J. J. Morato: Historia del Arte…. ob. cit. pág. 233, nota. La revista sólo publicó dos artículos de P. Iglesias: Abolición de clases y Los expropiadores de hoy (en enero y junio de 1897). Por su parte en julio la revista publicaba, dentro de la serie dedicada a socialistas europeos destacados, la biografía y grabado de Pablo Iglesias.
Otros colaboradores de la revista: Luis Aguirre (de forma asidua), Morato (2 artículos), P. Cermeño (3) P. Simal, José Rozas…

(54) El Socialista, núm. 495, 30-VIII-1895, págs.2-3, y J.J.Morato: Líderes del movimiento obrero español (edición de V.M. Arbeloa) Madrid, Edicusa, 1972, págs. 286-9 y 309-31 1.
0(55) Los textos se editan en cuadernos quincenales conteniendo dos pliegos de 16 páginas -uno de cada obra- en 4º francés (tamaño casi doble del de los folletos de El Socialista) a 35 céntimos.
Las dos obras debían servir para dar a los socialistas «conocimientos sólidos» de sus ideas y para «impedir a los solapados enemigos del socialismo que mistifiquen los redentores principios que sustentamos» (El Socialista, núm. 599,7-VIII-18197, y, La lucha de clases, núm. 153,4-1X-1897).
La obra de Deville era una recopilación de escritos publicados con anterioridad. Muchos de ellos ya hablan sido editados en castellano: Estudio acerca del socialismo…. La evolución del capital, parte del Estado y el socialismo, Babeuf…
Una reciente valoración de la importancia de la publicación de los Principios…. y El Capital en España en M. Pérez Ledesma prólogo a Pensamiento…. ob. cit. págs. 47-54 especialmente.
(56) El Socialista, núm. 603, 24-1X-1897; La Lucha de clases, núm.155, 25-IX-1897. Sobre la edición del Resumen de Deville vide supra. En los años l886-1887, La Republica, periódico republicano federal de Madrid, publicó en entregas encuadernables la traducción del abogado Correa y Zafrilla. Datos sobre esta edición pueden verse en Santiago Castillo: La prensa política de Madrid (1873-1887) en Prensa y sociedad en España (1820-1936) Madrid, Edicusa 1975, págs. 153 y 197-8.
(57) La edición puede seguirse por los anuncios de envío de cada entrega de la Biblioteca en los periódicos del partido. Sin embargo la prensa socialista no hizo durante la publicación del libro, ningún esfuerzo especial, (comentarios sobre su contenido, reproducciones parciales como hicieran los republicanos con su edición diez años antes…) por explicar la importancia de la obra. Ya anteriormente al editar Engels el II y III tomos tampoco habían merecido ningún relieve. Este desconocimiento que de la obra de Marx tienen los socialistas españoles, no les impide dedicarla, al final de su edición castellana, un breve comentario.
«Podrá su teoría del valor -dicen de Marx los socialistas españoles- en el sentir de muchos, no pasar de una simple hipótesis; podrán los tiempos haber rectificado alguna de las afirmaciones accesorias del insigne maestro, pero sus tres grandes teorías («El materialismo histórico y la lucha de clase» y «la formación del capital por el sobre trabajo no pagado») no sólo permanecen indestructibles sino que los hechos las confirman más y más cada día» El Socialista 672, 20-1-1899. «Un buen libro».
(58) El Socialista, núm. 605, 8-X-1897; La lucha de clases, núm.158, 16-X-1897. (59) Las citas en EI Socialista, núms. 601, 603, 605, 611, 619 (sept.1897-enero 1898) y 672, art, cit. También en La lucha de clases, núms. 154,155 y 158 (sept.-oct. 1897). Para facilitar la adquisición de la obra se permite el inicio y cese de suscripción en cualquier momento.
(60) Precio de 4 ptas. en Biblioteca y en las librerías. Además de su venta como libro se abría una suscripción especial a las entregas «al mismo precio y en iguales condiciones que los cuadernos corrientes de la Biblioteca» y se completaban las suscripciones interrumpidas, (Cif r.: El Socialista núms. 646 y 666). Lo mismo se hará posteriormente con El Capital.
(61) Vide EI Socialista, núms. 67º a 676 (enero-febrero de 1899). La obra de Mesa no es sino una traducción de un resumen de la de H. Lissagaray (Cifr.: S. y J. J. Castillo: José Mesa…. ob. cit., págs. 88-9).
(62) Sobre la revista véase: M. Pérez Ledesma: Pensamiento…. ob. cit.
(63) El Socialista anunciaba el 27 de diciembre de 1901 que «circunstancias imprevistas de familia [muerte de su madre] impiden el compañero Quejido continuar por ahora esta publicación. Suplica a los corresponsales se sirvan liquidar sus cuentas. Hay números disponibles para completar colecciones (…) ». La revista reaparecerá el 1 de marzo de 1902 «editada por D. Emilio F. Cardoso, abogado de la sociedad de panaderos y miembro de la Sociedad de Profesiones y Oficios varios [de Madrid] quien se propone continuar la publicación en las mismas condiciones y con idéntica tendencia. (El Socialista, núm. 387,1-111-1902, pág. 4). En realidad, como ha señalado Pérez Ledesma la revista cambió claramente su contenido hasta su desaparición a finales de 1902.
(64) «Nuestro amigo y correligionario Antonio García Quejido -dirá El Socialista- ha donado al Comité Nacional de nuestro partido, con el fin de que su producto se agregue al fondo para la publicación de El Socialista diario, 800 ejemplares de El Capital (primer volumen) y otro tantos de Principios Socialistas, muchos de ellos encuadernados y los demás en rama». «Para facilitar su adquisición» el Comité decidió rebajar los precios de las obras a 3 y a 1,50 ptas., respectivamente.
(65) En estos años se editaron, fuera de Madrid, almenos, los siguientes folletos: Los socialistas y el doctor Escuder, Agrupación socialista de Valencia (1896); Pablo Iglesias y el partido obrero por Fidel [A. G. Quejido] (Mataró, 1896); ¿Qué es societariasmo y qué es socialismo?, por B. Martín Rguez (1896); Socialismo y libertad, de Jean Jaurés (Bilbao, 1899) [edición de La Lucha de Clases que primeramente lo editó como folleto]; Los mineros asturianos, y, por la clase trabajadora, ambos de M. Vioil. La Aurora Social (Oviedo 19001.
Evidentemente para realizar un estudio completo habría también que analizar los diversos órganos periódicos que estos años proliferan grandemente. Sobre todo aquellos que tuvieron una cierta duración y estabilidad. Tarea que aquí no hemos abordado.

(66) Estas relaciones se ven fomentadas por la participación desde sus comienzos en las organizaciones argentinas (desde la Agrupación socialista creada en 1892 hasta la fundación del Partido Socialista en 1896) de diversos emigrantes españoles. Entre ellos el tipógrafo malagueño Esteban Jiménez (1869-1929); el también andaluz José A. Lebrón, contador, promotor de la edición de diversos folletos de propaganda, muerto en España en 1905, tras su vuelta y militancia en nuestro país; el tipógrafo canario Domingo de Armas (1872-1927). Todos ellos desempeñaron importantes papeles tanto en las organizaciones como en la prensa, especialmente desde la fundación de La Vanguardia (1893), que será el órgano central del partido socialista desde la creación de éste.

(67) Cifr.: El Socialista, núms. 558, 559, 581 y 640. La obrita deTurati: La moderna lucha de clases se anunciaba a la venta en diciembre de 1897 y fue reproducida en El Socialista en agosto de 1900. El texto de Plejanov será reproducido en el periódico central en 1899 como coincidencia con la línea reformista adoptada en el congreso de este mismo año.
(68) El Socialista, núms. 631, 643, 645, 696, 698, 709 y 7lO. Lucha de clases núms. 207 a 223 (sept. De 1898-enero 1899).
(69) Sobre el pensamiento de los socialistas italianos 189º-l900 puede verse B.Gustafsson: Marxismo, ob.cit., págs. 243-295. Es destacar la inexistencia en este periodo de traducciones al castellano de las obras de A. Labriola, máximo pensador marxista del socialismo italiano de la época. Sin embargo, los dirigentes madrileños conocían su obra pues acusan recibo, de 1895 al 98, de las ediciones de los distintos folletos que integran Ensayo sobre la concepción materialista de la Historia, tanto en italiano como en francés (Cifr.: El Socialista, núms. 497, 538, 579 y 636).
(70) Obviamente estos datos deberán ser completados, al menos, con el análisis de la difusión real de estos escritos. He esbozado los primeros resultados de un trabajo en curso sobre la difusión de los folletos en S. y J. J. Castillo, José Mesa…. ob. cit. pág. 91.
(72) Entre las revistas recibidas a través de este periodo cabe destacar La Revue Socialiste, París; Crítica Sociale, Milán, Escuela Positiva, B. Aires; Presente e Avvenire y Revista crítica del Socialismo, Roma; L’Educazione Politica, Milán; Le Mouvement socialiste, Paris. Todas ellas fueron recibidas habitualmente en la redacción de El Socialista, que, con cierta regularidad, anuncia en sus páginas el contenido de cada número.
Desde enero de 1901, El Socialista distribuye La Ley de los salarios y sus consecuencias, de Guesde, editado en 1900 por La Aurora Social, Oviedo; a mediados de 1901 de edita en Madrid el folleto Colectivismo y revolución y el Colectivismo en el Colegio de Francia del mismo autor.
La ley de bronce había sido ya criticada en Francia por Lafargue en 1894 y 1899 (c. Willard: Le mouvement…. ob. cit., pág. 172), y por Morato en España, en 1899.
Referencia: Estudios de Historia Social. Núms. 8-9 año 1979. Revista publicada por el Instituto de Estudios de Sanidad y Seguridad Social. Madrid

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