¿Llegó el internet a Cuba? / Haroldo Dilla Alfonso

Durante varios años el gobierno cubano centró su oferta de acceso a internet banda ancha para la población en un cable que debería conectar a Venezuela con la isla.

El servicio de internet en Cuba es casi un contraservicio. Es abrumadoramente lento, tanto, que una buena opción para castigar a algún enemigo es mandarle por e-mail un documento de dos megas. Luego, muy pocas personas tienen acceso, siquiera a una cuenta de correo, y la mayor parte de lo hace mediante cuentas compartidas ilegales. Finalmente, el gobierno ejerce un control cuidadoso sobre las cuentas, y bloquea sistemáticamente aquellas páginas que considera hostiles.

Esto determina que la tasa de acceso a internet es extremadamente baja (se calculaba un 15% en 2012) y coloca a Cuba, junto a Haití y Honduras, en los lugares más bajos a nivel continental.

Pero posiblemente mucho más baja si se tiene en cuenta que este acceso es limitado muchas veces a una suerte de intranet gubernamental, y a que los accesos son esporádicos en cibercafés sumamente caros. Debe agregarse a todo esto que aunque el número de computadoras en manos de la población ha ido creciendo (sus ventas estuvieron prohibidas hasta hace muy pocos años) todavía la isla muestra una tasa muy baja de acceso.

Durante varios años el gobierno cubano centró su oferta de acceso a internet banda ancha para la población en un cable que debería conectar a Venezuela con la isla. Hace dos años se anunció la terminación del tendido, pero en todo se tiempo no pasó nada con el internet, al mismo tiempo que el tema del cable se hundía en especulaciones y rumores sobre tramas de corrupciones y castigos que nunca fueron confirmadas ni rechazadas.

Y fue justamente hace unos días que un viceministro anunció el efecto del cable: el montaje de 118 centros de internet con algo más de 300 computadoras en total para los 114 mil kilómetros cuadrados y 11 millones de habitantes de la isla. Y se mantenía la negativa a ofrecer el servicio a las casas, a excepción de los pocos elegidos que lo tienen y de la red de conexiones informales que se derivan de ellos.

Los precios bajaron respecto a los vigentes en los centros radicados en los hoteles, pero se mantienen 4.5 USD la hora para internet full (y algo más rápido que los servicios precedentes) lo que determina que de acuerdo con las tarifas salariales vigentes un cubano medio requiere trabajar unos cuatro días para poder pagar una hora de internet. El viceministro dijo que en Cuba el acceso a internet nunca iba a estar fijado por el mercado. Solo olvidó decir que de ello se iban a ocupar funcionarios y policías.

Un periodista de BBC hacía un cálculo muy simpático: si se distribuyeran los espacios de estos cibercafe entre un 10% de la población nacional supuestamente interesada en navegar, cada aspirante a internauta podría hacerlo una vez al semestre. Siempre que no buscara materiales “perjudiciales para la seguridad pública, la integridad, la economía, la independencia y la soberanía nacional”, o que viole “las normas de comportamiento ético que promueve el Estado cubano”, pues en estos casos el servicio sería negado. Es decir que ni sexo, ni política.

El asunto tiene, sin embargo, una connotación trágica para la sociedad cubana. Las razones por las que el gobierno cubano no provee los servicios técnicos adecuados para que los cubanos que lo deseen y puedan pagarlo tengan internet en sus casas –como hacen dominicanos y hondureños- no es un tema técnico o económico. Es un tema político. Para un gobierno autoritario como el cubano que ha basado su dominación en la fragmentación de la sociedad y la obliteración de las comunicaciones horizontales, el internet significa una práctica subversiva. Y por eso se le suministra en dosis muy limitadas y bajo todos los controles imaginables. Como el cianuro.

Pero cada minuto que pasa sin ese acceso significa pérdidas inmensas de oportunidades para toda la población, y en especial para el sector técnico y profesional. Y en consecuencia, ello produce una devaluación del capital humano que constituye la principal virtud de la historia postrevolucionaria. La hipoteca del desarrollo de una generación completa.

Y al parecer, asumiendo como responsables las pomposas declaraciones de viceministro de comunicaciones, aun  queda mucho tiempo para un acceso normal, que el funcionario no negó pero remitió a un futuro sin fechas. Si para dotar a algo más de 300 computadoras de un servicio controlado, lento y caro, hubo que esperar varios años y una inversión mayor, imagino que tomara mucho tiempo para que los cubanos comunes puedan hacer lo que yo hago ahora y Ud. hará cuando lea este artículo.

Dígame, lector, ¿es eso justo?

Haroldo Dilla Alfonso

Cubano/dominicano, historiador y sociólogo. Doctor en Ciencias. Articulista habitual de medios escritos internacionales.

-http://www.7dias.com.do/index.php/noticias/142109/Llego_el_internet_a_Cuba#.UbcA6-drhfw

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