Eurozona: Una carrera entre el crecimiento y el populismo

Cuando se reúne un puñado de líderes europeos en una habitación, es apuesta segura que la conversación girará en torno al auge populista en el continente. Un año atrás, los mismos políticos hubieran estado obsesionados con la amenaza de los mercados al euro. Ahora, se preguntan si la democracia europea puede sobrevivir los heroicos intentos por salvar su moneda.

La era de la austeridad está pasando. Hace unos días la OCDE, con sede en París, organizó un debate llamado “La Austeridad contra el Crecimiento”. Esta propuesta no tiene validez, puesto que la austeridad es una política, mientras que el crecimiento es un objetivo.

Sin embargo me llamó la atención la abrumadora hostilidad de los expertos y los diseñadores de política con respecto a cualquier noción de que Europa debería aferrarse a las políticas fiscales deflacionarias. Los europeos deberían, dicen, observar cómo la aceleración del crecimiento (aunque con algunos recortes en los gastos) ha transformado las perspectivas presupuestarias en los EEUU.

La decisión que adoptó esta semana la Comisión Europea para aflojar las riendas del ajuste fiscal es un reconocimiento positivo de unas realidades económicas y políticas. La economía europea, más que el euro, está ahora en un estado de soporte vital, y con ella el orden político tradicional.

El cambio no fue tan dramático como lo harían creer los titulares. A Francia y España se les concedió tiempo suplementario para cumplir con sus programas de reducción del déficit. Italia escapó las “medidas especiales” que debían aplicarse a su proceso presupuestario. Bélgica evitó una multa por haberse desviado de su trayectoria. Las metas fiscales “en papel” han sido sustituidas por un renovado enfoque en los déficits estructurales. Nadie está abogando por un gran estímulo discrecional.

El régimen de austeridad tenía que eventualmente ceder terreno. Los déficits en las economías periféricas más afectadas por la crisis del euro se han reducido drásticamente, y también los diferenciales en los mercados de los bonos. Algunos de estos países están encaminados hacia un superávit estructural, y la mayoría cumplirán con su balance primario para el 2014. Los más afectados por el alza de los diferenciales han visto marcadas mejorías en sus déficits comerciales.

Esto refleja en parte la caída de la demanda interna, sobre todo en Italia. Pero en la mayoría de los casos las exportaciones también han aumentado considerablemente. El balance de Irlanda goza de un superávit considerable; España y Portugal esperan alcanzar un balance este año.

Estos países ya no dependen de los inversores en bonos extranjeros. Sus déficits fiscales pueden ser financiados internamente. Esto ha llevado a Daniel Gros, del Centro de Estudios de Política Europea, a proponer una teoría interesante. El debate de la austeridad fiscal, tal y como se había establecido, no dio en el blanco. La verdadera crisis, el Dr. Gros dice, estaba relacionada tanto con la deuda “extranjera”, como con la deuda “soberana”.

Bélgica, con una relación deuda/ingresos nacional cercana al 100 por ciento, nunca estuvo en la mira de los mercados. La reciente caída de los diferenciales en otras partes refleja el hecho de que los estados periféricos del sur pueden, como Bélgica, financiar sus propios déficits.

En cualquier caso, el cambio en las balanzas por cuenta corriente hará que Alemania se relaje un poco (hago hincapié en “poco”) con respecto a la nueva postura adoptada por la comisión. Siempre habrá algunos en Berlín que se horrorizarán ante los intentos por alejarse de la austeridad, pero los próximos a la canciller Angela Merkel se han enfocado por largo tiempo en tanto la competitividad como en los déficits presupuestarios.
El objetivo de Alemania a lo largo de todo este proceso ha sido lograr una convergencia sostenible en la eurozona. Las cuentas corrientes han tomado un giro significativo en la dirección correcta.

Una presión fiscal menos draconiana ofrece una oportunidad para acelerar el ritmo de las reformas estructurales. Éstas funcionan mejor al promover las inversiones y la creación de puestos de trabajo cuando hay una probabilidad razonable de que las economías crezcan. La prioridad es generar oportunidades para una generación de jóvenes hasta ahora excluidos de la fuerza laboral.

Hace unos días estuve en Roma entrevistando a Enrico Letta, el nuevo primer ministro de Italia, en una reunión organizada por el Aspen Institute Italia, un centro de estudios independientes. El social demócrata sabe mejor que los demás acerca de los peligros del populismo. Su gobierno, una gran coalición de izquierda y de derecha, es fruto del impasse creado por el auge del Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo. Como todos los populistas del continente, el Sr. Grillo hizo un llamamiento a los desposeídos.

Mi impresión es que el Sr. Letta, quien pudiera sobrevivir más tiempo en su puesto de lo que se especula, no se dispone a olvidarse de la prudencia fiscal o a abandonar sus esfuerzos por modernizar la economía italiana. Pero tiene razón al decir que ningún primer ministro puede ignorar la desafección de 8 millones de votantes, y al advertir que los grandes ganadores en las elecciones europeas del próximo año bien podrían ser anti-europeos de izquierda y derecha.

Italia tiene el Sr. Grillo, Francia tiene su Frente Nacional, Gran Bretaña su partido Independencia del Reino Unido, Finlandia sus Verdaderos Finlandeses, y Grecia sus fascistas. Lo que tienen en común es su disposición a culpar a los extranjeros de todos los males que aquejan a sus países y la capacidad de transformar la crisis del desempleo juvenil en odio contra las instituciones políticas.

Hay medidas que los gobiernos pueden tomar. Europa todavía tiene un sistema bancario disfuncional, y el arreglarlo generaría crecimiento. El Banco Central Europeo puede hacer más para estimular la demanda interna. Reformas en el ámbito de la oferta desmantelarían algunas de las barreras que mantienen a los jóvenes fuera de los mercados laborales.

Es alentador que el discurso político haya pasado de la austeridad al crecimiento, y que cuando Alemania sea la sede de una cumbre ministerial especial en julio el tema será el desempleo juvenil y no la austeridad.
El tiempo, sin embargo, se está acabando. La eurozona está en una carrera entre la economía y la política. Hace un año, los mercados de los bonos eran el enemigo, y ahora la amenaza para el euro proviene de populistas que intentan derrocar el orden liberal del cual depende la integración europea en su totalidad.

/www.cronista.com/financialtimes/Una-carrera-entre-el-crecimiento-y-el-populismo-20130603-0006.html

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